Qué poco dura la mala conciencia

“Me gustaría pensar que sienten un poco de remordimiento y vergüenza, y que no recibirán bonus millonarios” -Barack Obama, presidente de Estados Unidos-  

                   

¿Se acuerdan de la histórica cumbre del G20 en Londres, aquella en que se iba a refundar el capitalismo? Pues bien, en la pomposa declaración final aparecía, entre otros acuerdos, el de “aplicar nuevos y estrictos principios sobre remuneración e indemnizaciones” para los directivos.

Imagínense el estremecimiento que recorrió los consejos de administración del planeta, ante la posibilidad de que controlasen sus sueldazos. Aterrorizados, los altos ejecutivos se dedicaron a enviar cartas tristísimas a los líderes mundiales, llenas de lamentos y promesas, que consiguieron ablandar el corazón de los gobernantes: “Vale, os daremos otra oportunidad, chicos. Sed buenos.”

Pero ya ven lo poco que ha durado la mala conciencia. En las últimas semanas han regresado los bonus e indemnizaciones multimillonarias. En Wall Street, las principales firmas han incrementado el dinero para retribuciones, incluidas aquellas empresas rescatadas de la quiebra con dinero público, como AIG, Citigroup o Goldman Sachs. Para rematar la broma, el presidente que quebró la hoy nacionalizada GM se va a casa con un finiquito de ocho kilos y una jubilación de oro. En España sabemos menos, porque sólo cuatro compañías del Ibex cumplen las reglas de transparencia.

Pero esta vez los gobiernos se van a poner serios, ya verán. En Reino Unido, por ejemplo, se estudia obligar a los bancos a que hagan públicos sus sistemas de retribución. Eso sí, respetando el anonimato, que tampoco es plan de señalar a nadie. En Estados Unidos se baraja algún sistema similar, a ver si así les da vergüenza y se cortan un poco. Y si no, en la próxima cumbre del G20 aprobarán algo, ya verán como esta vez sí.