Trabajar cansa

Masacres en la retaguardia de la crisis

"Temo que Magna pida dinero al gobierno y Zapatero mire para otro lado, lo que podría ampliar los despidos" -Eloy Suárez, portavoz del PP en las Cortes de Aragón-  

                  

Si, como insisten los responsables económicos del planeta, lo peor de la crisis ha pasado y pronto empezará la recuperación, los trabajadores podemos echarnos a temblar ante los últimos coletazos.

Porque en las crisis económicas, como en las guerras, las peores destrucciones y matanzas se producen en los últimos meses de conflicto, cuando la paz es inminente y los contendientes ganan posiciones para la inmediata posguerra. Los perdedores se apresuran a ejecutar prisioneros antes de capitular, y los vencedores multiplican su potencia de fuego, pensando ya en la nueva relación de fuerzas resultante. Y entre medias la población civil, que recibe exhausta la paz.

Sólo así se entienden los últimos bombardeos de esta crisis. Fíjense en la industria automovilística, que suele ser el campo de batalla donde más se usan las armas de destrucción masiva de empleo, también llamadas ERE. En la planta de Ford de Almussafes van a dejar caer una bomba que se llevará de golpe a más de 600 trabajadores. Y no es nada comparado con la fábrica de Opel en Zaragoza. Allí los canadienses de Magna, nuevos propietarios, han tomado como rehenes a 7.500 trabajadores, y amenazan con ejecutar a los primeros 1.700 si las autoridades no colaboran.

Y no sólo en el automóvil. Por todas partes continúa la destrucción de empleo, incluso por parte de quienes, sin pasar apuros, aprovechan para reestructurar plantillas antes de que pase la crisis, como quien al calor de la guerra se cepilla a los elementos más molestos antes del armisticio. Puede que en el frente los combates vayan a menos, pero en la retaguardia de la crisis hay sacas a diario, de uno en uno o por decenas. Qué masacre.