Trabajar cansa

Madrid, que no decaiga

"En Madrid hay obras, y eso significa que hay dinamismo y visión hacia el futuro" -Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid- 

                          

Perdonen que me repita, pues ya escribí algo parecido meses atrás a cuenta del mobiliario urbano y la larga vida útil que tiene en otros países a diferencia de en ciertas ciudades españolas, donde siempre estamos de estreno. Es que me pasa lo mismo cada vez que salgo de viaje por Europa.

Esta vez ha sido París. Llevaba años sin ir, pero un primer paseo me despierta la expresión reconfortante de otras ocasiones: "Está igual que la dejé". Me lo confirma mi acompañante y guía (Rafael Chirbes, un lujo), que la conoce desde hace mucho: es difícil apreciar cambios, salvo de detalle, y la memoria se acomoda a lo que vemos.

Qué diferente a la experiencia madrileña -y de otras ciudades españolas, lo sé-, donde uno se va dos meses y a la vuelta no reconoce ni su barrio: le han cambiado acerado, marquesinas y papeleras, han tirado edificios y levantado otros. Y no digamos el centro, donde el afán renovador de los gobernantes roza el ensañamiento. Ahí está esa Puerta del Sol, donde no caben más trastos y que no soporta una intervención más, o el eje Prado-Recoletos, próximo objetivo del arrasador Ayuntamiento.

Pero que nadie se queje por tanta transformación. No me vengan con que es caro, molesto o inútil. ¿Es que no aprecian el dinamismo madrileño? ¿Acaso prefieren vivir en una de esas ciudades europeas cuyo mobiliario urbano aguanta un porrón de años? ¡A saber en qué chuminadas gastarán el dinero que no dedican a cambiar las plazas cada año! Pues esto no es nada. Esperen que consigamos los Juegos Olímpicos (si no es 2016 será después, pero llegarán), y a Madrid, como gusta decir a tantos alcaldes españoles, no la va a conocer ni la madre que la parió. Olé.