Trabajar cansa

Bancos al borde de un ataque de nervios

"No me inquieta que se regulen los bonus de la banca; no creo que vaya a haber una fuga de talentos" -Frederic Oudea, consejero delegado de Société Générale- 

                           

 Supongo que habrán notado lo nerviosos que están los directivos de los bancos en todo el mundo estos días, ¿verdad? Si se cruzan con uno por la calle, cambien de acera, porque basta darle los buenos días para que te cuente sus penas. Llevan semanas con insomnio y malas digestiones. Normal: están aterrorizados ante la posibilidad de que la cumbre del G-20 de esta semana acuerde un sistema de control a las primas y bonus.

Algunos, por si acaso, ya han tomado el camino del exilio: ahí están esos valientes cuarenta y cinco ejecutivos de Barclays que han montado un chiringuito en las Islas Caimán para gestionar desde allí la basurilla financiera del mismo banco, asegurándose de que ninguna regulación pueda tocar un céntimo de los 400 millones de dólares que esperan cobrar por el trabajito.

Un momento, ¿he dicho Islas Caimán? ¿No quedamos en que era el fin de los paraísos fiscales? ¿Acaso las promesas han quedado en poca cosa? ¿O es que los refugios del dinero están en plena reconversión para ser "paraísos salariales"?

Más nerviosos que los banqueros deben de estar los gobernantes que van a la cumbre de Pittsburgh. En los primeros encuentros informales para preparar la cita, la pregunta más repetida, lanzada como acusación de unos a otros es: "¿a quién se le ocurrió la genial idea de decir que íbamos a regular la retribución de los ejecutivos?" Todos miran hacia el techo y silban, disimulando pero también buscando inspiración. Algo se les tiene que ocurrir, porque si ni ellos ni los banqueros se tomaron en serio la propuesta en su día, los ciudadanos sí. Y esperamos que de la cumbre salga algo más que la promesa de una próxima cumbre para estudiarlo.