Trabajar cansa

Triste es pedir, peor es robar

"La mala financiación municipal hace que muchos ayuntamientos acaben actuando como promotores, y eso tiene riesgos" -Josep Huguet, conseller de Innovación de la Generalitat- 

                  

Puestos a explicar los casos de corrupción en tantos ayuntamientos, grandes y pequeños, de derecha y de izquierda, se suelen señalar dos problemas detrás de las tramas: la financiación municipal, por un lado; y la financiación de los partidos políticos, por otros. Es decir, la búsqueda irregular de fondos por parte de quienes, ayuntamientos y partidos, necesitan más recursos de los que pueden conseguir por vías legales. 

De ahí que siempre haya quien, ante los casos de corrupción, reclame un nuevo modelo de financiación municipal o una nueva ley de financiación de los partidos, o las dos cosas a la vez, como una vacuna. Si ayuntamientos y partidos tuvieran vías para asegurarse los ingresos necesarios, dicen, se acabaría la corrupción. 

No digo que no haya algo de verdad en el razonamiento, pero a mí me recuerda al clásico lema del mendigo callejero: "triste es pedir, pero más triste es tener que robar". Ande, deme una ayuda para el presupuesto municipal, unas moneditas para dar de comer a mi partido, que pasamos mucha necesidad. Y como no atendemos su súplica, pues se acaban dando al robo, mediante sinergias por las que el dinero pillado va tanto a las arcas municipales como a las del partido. 

Pero claro, el mendigo, sea alcalde o tesorero, nunca nos cuenta toda la verdad. Por el camino, mientras circulan comisiones, sobrecostes y cajas B para financiación, la tubería pierde agua y los listos se llevan cacho, esos millones que acaban en cuentas suizas o bajo el colchón, y que nada tienen que ver con ninguna financiación más que la propia. Para eso, prefiero al mendigo honrado que pide dinero advirtiendo que se lo va a gastar en vino.