A riesgo de equivocarme

“Ojalá que en Público nos equivoquemos a menudo. Para pensar de verdad, hay que arriesgarse a no tener razón.” -Rafael Reig, primera Carta con respuesta– 

                     

Si algún lector envía hoy una carta al periódico lamentando la ausencia de Rafael Reig en esta misma página, puede estar tranquilo: su carta no recibirá esta vez un mordisco del caníbal Reig. De seguir aquí, él mismo sacudiría al lector elogioso, se burlaría de las grandes palabras (insustituible, seña de identidad, pilar fundacional) y hasta esbozaría un cáustico “Contra Rafael Reig”. 

Quienes ya lo echamos de menos nos consolamos pensando en eso, en cómo Reig conseguiría hacernos dudar hasta de si realmente nos gusta leerle. Han sido dos años de abrir a diario por esta página para llevarnos un bofetón. En ocasiones merecido, en otras injusto; a veces doloroso, otras circense, pero siempre inteligente. 

Doy por hecho que tendrá no pocos detractores, y yo mismo he discrepado muchas veces con sus respuestas. Pero de eso se trataba, de agitar la página para que leer fuese una molestia, un esfuerzo contra la pereza de las convicciones inamovibles. Yo creo que Reig funcionaba como Defensor del Lector, mejor que el clásico que tienen otros diarios. A su manera nos defendía de la imbecilidad ambiental, pero también de nuestra propia imbecilidad, la de quienes escribimos aquí y la de los propios lectores. 

Por todo ello no me parece una buena noticia que desaparezca su Carta con respuesta. Y desearía que eso no significase la salida de Reig del periódico, que podamos seguir leyéndole en estas páginas. No creo que por ahí encuentre muchos sitios donde escribir con la libertad que ha tenido aquí; la misma por la que hoy yo puedo unirme a los lectores que lamentan la desaparición de su Carta. Aun sabiendo que Reig podría llevarnos la contraria también en esto.