Los piratas encuentran colaboración

“Pensábamos que el gobierno dejaba pasar el tiempo porque beneficiaba a la negociación, y lo que tenía era desidia” -Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP- 

              

Aunque nos parezca muy dramático –sobre todo, y con razón, a los familiares-, los secuestradores del Alakrana se están limitando a aplicar el manual de secuestros. Cada paso que dan entra dentro de su lógica, pues buscan presionar a quienes están dispuestos a pagar por recuperar ilesos a los rehenes. 

Me lo confirma mi amigo José Cendón, fotógrafo que junto a un periodista británico pasó varias semanas secuestrado por los piratas somalíes, y que la próxima semana publica un libro sobre la piratería y sobre su propio cautiverio (Billete de ida, no se lo pierdan). Cendón recuerda que en su caso actuaron igual, para meter miedo a las familias y presión a los negociadores: amenazas de matarlos en 48 horas, y disparos al aire mientras hablaban por teléfono con su familia. 

Por eso, él quita dramatismo a lo que estamos viendo. No cree que corra peligro ninguna vida, pues sólo les importa el dinero del rescate, y saben que si hay muertos, no hay dinero. En ese sentido cree que con la separación de los tres llevados a tierra buscan asegurar una baza negociadora en caso de asalto militar. Tampoco cree que la liberación de los dos piratas detenidos en España sea tan decisiva: más bien servirá para subir el precio del rescate. 

En todo secuestro el tiempo es el arma fundamental para las dos partes. Si a uno le entran las prisas, pierde más de lo esperado. Siempre es así, y por eso aprietan a las familias, que están en su papel y no cabe exigirles otra cosa. Con lo que los piratas no contaban era con la colaboración del juez Garzón y del Partido Popular. Gracias a la acción de ambos, la maleta con los billetes será más abultada esta vez.