Trabajar cansa

En este partido hay tongo

"La modificación del régimen fiscal menoscaba la capacidad competitiva del fútbol español respecto a otras grandes ligas" -José Luis Astiazarán, presidente de la Liga de Fútbol- 

                  

Si miramos en términos futboleros la polémica sobre los impuestos de las estrellas del balón, habrá quien crea que el gobierno le ha metido un gol a los clubes, y de ahí el cabreo de éstos. Sin embargo, yo tengo la sensación de estar presenciando un partido amistoso, en el que da igual cuántos goles caigan porque no hay mucho en juego. O peor aún: que se trate de un partido amañado. 

Me parece muy bien que se eliminen los beneficios fiscales a los cracks extranjeros, por supuesto. Y no dudo de que supondrá unos cuantos millones que siempre vendrán bien. Pero la llamada Ley Beckham es una minucia en el generalizado trato favorable que el fútbol, los futbolistas, los clubes y los deportistas de elite en general reciben en este país. 

Me da que pocos clubes resistirían hoy una inspección fiscal o una auditoría a sus cuentas. Entre todos deben más de 600 millones a Hacienda, y están endeudados por más de 3.000 millones. En los cromos de quiosco deberían incluir, junto al entrenador y los jugadores, la foto del contable y la del asesor fiscal. Ellos sí que son expertos en regates, chilenas y todo tipo de piruetas para evadir al fisco: sociedades interpuestas, derechos de imagen, ingresos radicados en el extranjero... 

En este partido amañado participamos todos: Ayuntamientos que regalan terrenos y estadios "municipales", y compran acciones cuando los dueños rajan; cajas de ahorro que financian fichajes; y por supuesto los aficionados, que hacemos la vista gorda y no exigimos a nuestros ídolos más solidaridad que el ocasional partido benéfico, ni más patriotismo que sudar la camiseta de la selección. Ay, pero, ¿y los buenos ratitos que nos hacen pasar?