Trabajar cansa

¿Hay algo peor que la SGAE?

"Quien no tenga dinero para música en las fiestas, pues que no ponga música. ¿O no tenemos derecho a cobrar?" -José Ángel Hevia, músico y directivo de la SGAE- 

             

Que la SGAE tiene mala imagen no es ninguna sorpresa. Una encuesta la acaba de señalar como la entidad más odiada entre los internautas, por encima de Hacienda y de Telefónica. Un 40% propone ilegalizarla. Aunque la encuesta no lo preguntó, supongo que habrá también partidarios del castigo físico. 

No es raro, ya digo. La SGAE sólo es noticia para mal, y suele ser para muy mal: se le acusa de espiar en las bodas, exigir dinero a los vecinos de un pueblo por montar una obra, encarcelar a los manteros, amenazar las fiestas populares, encarecer los CD, o que nos puedan cortar Internet. 

La SGAE se ha convertido en un pim-pam-pum demasiado fácil. Tanto que da que pensar. Es oír su nombre y todo el mundo coge una piedra para tirársela a Teddy Bautista cuando pase. Nadie se atreve no ya a defenderla, sino a no tirar la obligada piedra. Los propios autores la defienden con la boca chica, o protegidos por el grupo, tras un manifiesto. 

Y sin embargo, la mayoría de autores está en la SGAE. Aunque nos parezca que es un conciliábulo de vampiros que sólo piensa en hacer el mal, echen un vistazo a la Junta Directiva y encontrarán a muchos de sus artistas favoritos. Más de un furibundo anti-SGAE se llevaría un disgusto al ver a su ídolo sentado junto a Bautista. 

Supongo que la SGAE hace el trabajo sucio a los artistas, para no enlodarse en algo que parece perdido de antemano. Porque lo guay es decir que estamos por la libertad y la democratización de la cultura. Hay gente que lo defiende en serio, con argumentos, y merecen ser escuchados; pero también mucho jeta al que importa un pimiento todo eso. Dicen que la SGAE ha encargado una campaña para lavar su imagen. Lo tienen crudo.