No es el Estatut, es la Constitución

“Si quieren cambiar de Constitución que propongan una nueva; pero con la actual, el estatuto es constitucional o no lo es” -Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP-

             

Ya saben lo del tonto que se queda mirando el dedo en vez de la luna cuando alguien la señala. Estos días nos pasa algo parecido: no quitamos ojo al Estatut, en vez de mirar a la luna a la que apunta: la Constitución. La forma en que ésta es usada como escudo por la derecha españolista debería hacernos reflexionar, pues hoy es el estatuto pero mañana puede ser cualquier otra propuesta.

El Estatut no me quita el sueño, y pienso que, tras tanta dramatización, llegarán a un apaño y a seguir. Pero si un texto como el catalán, que no es precisamente un pronunciamiento independentista, que ha sido peinado y repeinado, y ha pasado todos los filtros, tiene tantas dificultades, imaginen lo qué pasaría si un día una mayoría propusiese alterar alguna de las esencias de la España salida de la transición.

Pues sería imposible. Porque la Constitución, a la vez que blinda esas esencias, está blindada en sí misma, y no hay forma humana de reformarla. Las exigencias para su modificación impiden que ninguna mayoría social pueda tocar una coma sin permiso de la derecha política. Consenso lo llaman, garantía de que se haga con acuerdo de todos. Cerrojazo, diría yo.

Algunos sostienen que, si legítimo es el Estatut, más lo es la Constitución, que fue votada por más españoles, incluso más catalanes, que aquél. Ya me sé ese cuento: los españoles decidimos darnos libremente una Constitución, elegimos tener rey y todo lo demás. ¿No somos ya mayorcitos para saber qué ambiente había en 1978, y cuál era la alternativa a la Constitución? Dicen que su publicación en el BOE se retrasó un día, al 29 de diciembre, para que no pareciese una inocentada. Ya ven.