Opinion · Trabajar cansa

Yo también habría votado sí (en 1978)

“Íntimamente identificados con el pueblo, siempre cerca de él, podremos garantizar el orden social justo.” -Discurso del Rey ante las Cortes en 1978-

               

El puente de diciembre es el más sagrado del año, al coincidir dos fiestas religiosas: la Inmaculada y la Santa Constitución. Así que hoy toca fiesta, devoción, y sacar en procesión la Constitución para gritarle “guapa”.

Si usted es poco creyente, o directamente heterodoxo, y aprovecha el día para criticarla o pedir su reforma, los padres custodios le responderán con el dogma: la Constitución fue votada por los españoles de forma masiva, es expresión de la voluntad popular. Y es cierto, así fue. Es más, les confieso algo: de haber sido mayor de edad, también yo la habría votado. En 1978, claro.

Basta leer la prensa de aquel día para comprender el ambientazo que empujaba al voto: recién salidos de una dictadura, con ruido de sables de fondo, sin más alternativa que la vuelta al pasado, y con consenso de los partidos. Cualquiera se habría tragado los sapos de turno con tal de dejar atrás el franquismo que aún coleaba. Pero es que encima, sobre el papel, la Constitución no era mala.

Si se toman la molestia de leerla hoy, igual se sorprenden: no está mal, incluso hay cosas que están muy bien. Eso sí, la mayor parte del articulado no pasa de ser una declaración de intenciones, y como tal es retóricamente inapelable, llena de buenos deseos y reconocimientos de derechos sociales que van invariablemente acompañados de la fórmula “la ley regulará”, “la ley establecerá”. Y claro, luego llegaron las leyes, el tío Paco con las rebajas, y muchos derechos quedaron en papel mojado, o a criterio de sus intérpretes, pues como buen texto sagrado también la Constitución tiene sus exegetas: ésos que han conseguido que, de tanto incumplimiento, vivamos en un país inconstitucional.