Trabajar cansa

El juguete roto de la patronal

"Precisamente el ser tan duramente dañado por la crisis me hace entender lo que están pasando otros empresarios" -Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE-

                    

Por mi barrio, varias veces al día, cruza un autobús verde. Es un modelo viejo, destartalado, más próximo al desguace que a los relucientes vehículos de las líneas municipales. Suele ir casi vacío, por varios motivos: no admite bonobus, tiene poca frecuencia, su recorrido se solapa con otras líneas, y sus coches son incómodos, sucios y se averían con frecuencia. Es la 201, una rareza, una de las últimas líneas privadas que operan en las calles de Madrid. 

Si alguien quiere saber algo del hoy cuestionado presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, podría empezar por esa línea 201. Tirando del hilo tal vez encontraría una jugosa historia que ilumine la trayectoria empresarial del patrón de patrones, hasta ayer un triunfador, hoy convertido en juguete roto. 

La línea 201 es uno de los últimos restos de las concesiones que el ayuntamiento madrileño daba a empresas en los años sesenta y setenta. A partir de esas concesiones levantaron su imperio dos jóvenes ambiciosos, los siameses Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual. Este último emparentado con el entonces alcalde franquista, Arias Navarro, tal vez otro hilo del que tirar. Hoy la línea 201 pertenece a una empresa de la familia, dirigida por un sobrino de Díaz Ferrán. 

Ayer, al ver el autobús verde renqueando por mi calle, pensé en el imperio empresarial de nuestro héroe, que por lo visto hace aguas por todos lados. Una telaraña de empresas familiares, cruzadas unas con otras en participaciones, créditos y deudas de tal manera que si cae una, el resto se tambalea. Y Air Comet no es la única con problemas hoy. 

La ruinosa línea 201 tiene los días contados, se acaba la concesión. ¿Cuánto aguantará Díaz Ferrán al frente de la CEOE?