Trabajar cansa

Qué inviernos tan aburridos los de antes

"Quizás no basta con las notas informativas, hace falta pedagogía, explicar en qué consiste una alerta naranja" -José Blanco, ministro de Fomento- 

        

Con el recuerdo del último temporal siberiano, y a la espera del próximo frente ártico o lapón, pienso en lo aburrida que era la vida meteorológica de nuestros abuelos. Ellos se achicharraban en verano y tiritaban en invierno, como nosotros, pero el suyo era un tiempo autárquico, aldeano, de andar por casa. No como el de ahora, cuando los fríos son siberianos y los calores africanos, y ni siquiera tenemos ya previsibles estaciones, sino una sucesión de "olas" que lo mismo nos abrasan que nos hielan. 

No digo que no haya momentos de frío extremo o de calor récord. No hablo de meteorología, sino de información meteorológica, dos cosas distintas aunque a veces se fundan y confundan. Es a ésta última a la que afecta cada vez más la espectacularización en la que ya viven todas las secciones informativas de los medios, lo mismo la política que los deportes o la información sanitaria, pues todo es histórico, sin precedentes, espectacular, impresionante, inolvidable. 

El tiempo no podía quedar fuera: ya hace años que la información meteorológica se sofisticó, con presentadores dinámicos y más medios tecnológicos; y sobre todo se dramatizó, hasta dejar su rincón secundario para conquistar portadas informativas y minutos de telediario. En respuesta, los espectadores ya no nos conformamos con saber si lloverá mañana: queremos más, queremos reporteros sobre el terreno que nos transmitan drama, peligro, vientos kilométricos, alertas de colores, colapsos, caos, recuento de muertos. Y si nuestros cielos no dan para más, que nos muestren los desastres atmosféricos de otros países. 

Qué pena que el viaje en ascensor sea tan corto, con todo lo que tenemos para hablar con el vecino.