Donde dije digo, digo Obama

“Dar caña a los bancos se ha convertido este año en el deporte favorito de los políticos en todo el mundo.” -Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley en Asia- 

                

Cuanto más cae la popularidad de Obama en Estados Unidos, más aumenta en Europa, y particularmente en España. Yo no pienso jugar otra vez el papel de aguafiestas, así que hoy me uno a la hinchada y aplaudo el guante lanzado por Obama a los grandes bancos, a los que amenaza con poner derechitos, ya que no han sido capaces de regularse ellos solos. 

Pienso hacerme una camiseta con sus palabras del otro día: “Si estos tipos quieren pelea, la van a tener.” Para ello, reciclaré otra camiseta que ya no me sirve: la de su discurso contundente sobre la reforma sanitaria en septiembre (“No soy el primer presidente que quiere reformarla, pero estoy decidido a ser el último”), ya que tras la derrota en Massachusetts se está planteando aparcar una reforma que se decía histórica -y eso que ya salió requetepeinada del Senado-. 

En el armario guardo otras camisetas que me hice con otras proclamas admirables: el cierre de Guantánamo, la paz en Palestina, la restitución de Zelaya, el fin de los paraísos fiscales… Pese a sus incumplimientos, yo mantengo la ilusión. Ya he leído en la prensa económica a analistas comentando lo vago de la propuesta, lo improbable de su tramitación tal cual, y lo fácil que sería para los bancos esquivar esas regulaciones (podrían reclasificar las transacciones, sugiere un experto en el Washington Post); pero mi fe lo resiste todo. 

Hay quien ve en sus palabras contra la banca sólo un discurso populista para contentar a los muchos norteamericanos que han perdido trabajo y casa, y que hoy ven cómo los bancos se lo vuelven a llevar crudo. Qué malpensados. Ya veremos quién ríe el último, cuando el año que viene se lleve el Nobel de Economía.