Trabajar cansa

No preguntes por quién dobla la EPA

"De momento la tasa de paro está por debajo del 19%, tal y como preveía el gobierno, aunque no sea un triunfo." -Celestino Corbacho, ministro de Trabajo- 

              

Recuerden el poema de John Donne, célebre desde que Hemingway lo tomó prestado para titular una de sus novelas: "Ningún hombre es una isla (...) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad. Así que nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti." 

Tras conocer la EPA, y ver hasta dónde ha llegado el paro en el último año, con más de cuatro millones de parados, los trabajadores bien podríamos parafrasear esos versos sin que pierdan su sentido original: "El despido de cualquiera me disminuye, porque estoy ligado a la clase trabajadora. Así que nunca preguntes por quién dobla la EPA. Dobla por ti." 

Los que tras el último parte de bajas seguimos en pie, los que no hemos perdido el trabajo en lo que va de crisis, no podemos respirar aliviados. El paro nos afecta a todos. Cualquiera puede ser el próximo, pero además, la existencia de cuatro millones de parados es un daño colectivo, una bomba social de la que nadie sale indemne. Por mucho que el empleo se recupere dentro de tres o cuatro años, nada volverá a ser lo mismo. 

Lo he dicho otras veces, perdonen que me repita: no hace falta que empresarios y sindicatos acuerden una reforma laboral, ni que la decrete el gobierno. La verdadera reforma la está haciendo el paro, que va a dejar secuelas sobre varias generaciones de trabajadores. Tanto por la precarización aún mayor, como por la caída en la economía sumergida de muchos, y sobre todo por el miedo al paro que pesará sobre todos a la hora de aceptar las lentejas que nos pongan delante. 

El paro no es un problema sólo de los parados, aunque por supuesto lo sufran más que nadie. Todos estamos ya en la cola.