Pacto de pastores, oveja muerta

“Nos gustaría un pacto entre el gobierno y la oposición, con un planteamiento creíble, y no paños calientes como hasta ahora.” -Claudio Boada, presidente del Círculo de Empresarios- 

                

Ya saben el viejo chiste: el tipo que se acerca a una chica en la discoteca y le pregunta “¿Bailamos?”, y tras su rotunda negativa se resigna: “Entonces de pactar ni hablamos, ¿no?”. Pues lo mismo estos días. A diario oímos hablar de la necesidad de un gran pacto para salir de la crisis, pero cada uno baila por su cuenta, y si se cruzan en la pista es para tirar un codazo. 

Tal vez en otros países con más cultura democrática haya más costumbre de pacto entre partidos, o se lleve con más naturalidad. Pero entre nosotros no está bien visto lo de pactar, se reserva para casos de extrema necesidad, y quien pacta es visto como un débil, cuando no un traidor. 

Cada vez que el partido gobernante ha pactado alianzas, el argumentario del contrario se llenó de chistes y ataques ante la “bajada de pantalones”. Recuerden aquellas divertidas portadas del ABC donde Pujol exprimía unas naranjas con la cara de Felipe González; o la coña sobre el catalán hablado en la intimidad por Aznar. Por no hablar del tripartito de Cataluña, demonizado y ridiculizado, a veces por sus propios integrantes. 

Y sin embargo, esa falta de cultura democrática para el acuerdo no impide que haya toda una mitificación del pacto, el bendito consenso, reservado para las grandes ocasiones en que los padres de la patria se arremangan. De grandes pactos está la historia reciente llena, y qué quieren que les diga, casi prefiero que sigan bailando cada uno por su lado. 

Visto el catálogo de pactos históricos (Transición, Constitución, de la Moncloa, de Toledo, antiterrorista, etc), comprobamos que en este país los pactos siempre se escoran a la derecha, y cada foto de sonrisas y apretones de manos tiene un reverso amargo. No hay más que ver quiénes piden hoy un pacto económico. 

¿Pactar significa incorporar las propuestas fiscales, laborales y sociales del PP? En ese caso, no, gracias. Bastantes coincidencias tienen ya PP y PSOE -que en los grandes temas económicos votan juntos, aquí y en Bruselas-, como para bailar juntos y acabar en la cama.