Trabajar cansa

Así no se apoya a Cuba

"Lamento su muerte, pero en Cuba no existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo." -Raúl Castro, presidente de Cuba- 

            

Pensaba opinar sobre la muerte de Orlando Zapata en Cuba, pero al intentarlo me encuentro al otro lado de la línea una centralita automática: "Si opina que Zapata es un héroe de la democracia torturado por la tiranía castrista, pulse uno. Si opina que Zapata es un títere de la gusanera de Miami, pulse dos." ¿No hay más opciones? 

La muerte de Orlando Zapata es una mala noticia. Lo es, por supuesto, para los suyos. Pero también para el gobierno cubano, que enfrenta nuevas formas de disidencia: a los blogueros pueden unirse los huelguistas de hambre, un tipo de lucha de gran fuerza propagandística. Pero no es el huelguista quien más daño hace hoy a la causa cubana. La herida la agravan aquellos defensores de la revolución que difunden por Internet argumentarios retorcidos para justificar lo sucedido. 

Así, la insistencia en presentar a Zapata como un delincuente común o un tonto útil (o ambas cosas); la deslegitimación e incluso ridiculización de su protesta; la búsqueda de paralelismos cogidos por los pelos (la comparación con los presos vascos por parte de quienes suelen rechazar el encarcelamiento de batasunos); la denuncia de la menor atención a la represión en otros países (con lo que se acaba admitiendo el carácter político de los presos cubanos); o la mención a Guantánamo, son argumentos torpes e inoportunos, que no rebaten sino más bien refuerzan la campaña mediática contra Cuba, y además extienden las dudas y el desánimo entre los afines. 

Si Cuba ha demostrado fortaleza para resistir cincuenta años contra injerencias, ataques, bloqueos y crisis, debería ser también fuerte para admitir la discrepancia, tanto dentro como fuera de la isla, sin que la primera sea causa de castigo y la segunda de escarnio. Las adhesiones inquebrantables, el "o conmigo o contra mí", la falta de espacio para la discusión, ni amplían ni refuerzan el apoyo a Cuba. Más bien lo debilitan, lo vuelven vulnerable ante la presión poderosa de quienes buscan tumbar la revolución, y hacen que sean más los que duden al pulsar la tecla.