Trabajar cansa

Algo nos han echado en la sopa

"La gente está impaciente ante las reformas financieras que no acaban de llegar. Si se siguen retrasando, podría desembocar en revueltas sociales." -Dominique Strauss-Kahn, director del FMI- 

               

Aunque en su discurso de ayer ante la Eurocámara lanzó varios mensajes positivos sobre la recuperación de la economía mundial, el director del FMI dejó también una advertencia tremendista, para que la audiencia no se relaje demasiado: según dijo, en cualquier momento podría desbordarse la paciencia de los ciudadanos si los países e instituciones no abordan las reformas esperadas. 

En realidad, su preocupación no son esas temidas "revueltas sociales": en su intervención mencionó directamente la dificultad de volver a pedir dinero a los contribuyentes en caso de recaída en la crisis. Hablando en plata: "con qué cara le vamos a pedir más pasta a la gente, si después de la que hemos liado nada cambia y todo sigue igual". 

Sin embargo, al director del FMI le toca poner cara de preocupación, y hacer como que está muy afectado por nuestra situación, que se hace cargo de nuestro cabreo. Repaso la hemeroteca y veo que el mismo Strauss-Kahn advirtió hace justo un año de posibles "disturbios sociales que incluso acaben en guerra" debidos a la crisis; auguró en septiembre "riesgos para las democracias por el descontento ciudadano"; y en diciembre dijo ver en el horizonte "revueltas populares". 

Venga, repitan conmigo, para tranquilizar a este buen hombre: no se preocupe, señor director, que la sangre no llegará al río. Que estamos cabreados, sí, pero algo nos han debido de echar en la sopa porque estamos de lo más tranquilos. Ayer, por ejemplo, supimos que ha aumentado la población pobre y el número de familias que no llegan a fin de mes, pero la única llamada a la rebelión que hemos oído es del PP y los empresarios contra la subida del IVA. Los demás, apenas torcemos el gesto, y asumimos que la culpa de la crisis es nuestra, por los salarios tan altos y lo poco productivos que somos. 

Al final, a Strauss-Kahn se le fue la mano dramatizando: dijo que la crisis ha supuesto "una experiencia profundamente humillante" para la clase política y financiera. Hombre, eso ya es tomarnos por cornudos y apaleados.