Trabajar cansa

Otros 1.600 hechos consumados

"Todo el mundo sabe que esos barrios serán parte de Israel en cualquier acuerdo de paz. Construir en ellos no impide una solución." -Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel-  

                   

Si hay un lugar en el planeta donde el sector de la construcción no entiende de crisis ni burbujas, ése es Israel. Allí cada poco tiempo las autoridades anuncian la próxima promoción de viviendas en un nuevo barrio, en aplicación de un plan urbanístico diseñado hace miles de años, y cuya ejecución implica la recalificación étnica y religiosa de terrenos por la vía expeditiva de la ocupación militar.

Sordos a la presión internacional, los dirigentes israelíes acaban de colocar los carteles de la próxima oferta de viviendas: 1.600 nuevas casas, que en realidad son sólo la avanzadilla de las 50.000 que están proyectadas en la zona orienta de la ciudad, como advirtió el alcalde de Jerusalén hace unos días.

Una vez más, la ocupación israelí de Palestina se consolida a partir de la vieja política de hechos consumados. Más que consumados: cimentados, enladrillados y alicatados, para que no los mueva nadie. Así funcionan los hechos consumados: uno construye casas en un territorio palestino, y desde el momento en que hay casas se convierte en territorio israelí, que deberá ser tenido en cuenta en cualquier proceso de paz.

De todas maneras, hablar de proceso de paz a estas alturas es de risa, pues Israel no tiene ya necesidad de ningún acuerdo con los palestinos, estando como están divididos, encerrados y debilitados, y sin que haya en la región ninguna amenaza seria –si Irán llegase a serlo, ya se ocuparía el estadounidense primo de zumosol-. Si hubo un tiempo en que palestinos e israelíes morían en una proporción de diez a uno, ya ni siquiera llevamos la cuenta, pues sólo caen palestinos.

Igualmente es de risa hablar de la convivencia de dos Estados. Llamar Estado al archipiélago palestino –con una Cisjordania fragmentada y ocupada, y una Gaza aislada y asfixiada- es una broma sin gracia. Cada nuevo asentamiento –que incluye carreteras, barreras y presencia militar- hace más imposible la construcción de un Estado palestino mínimamente viable. Y sobre todo, lo hace menos necesario para los israelíes.