Trabajar cansa

¡Atención, un periodista! ¡Abran fuego!

"El gobierno de Honduras defiende la libertad de prensa, pero mientras no bajen los niveles de violencia, pedimos prudencia a los periodistas." -Oscar Álvarez, ministro de Seguridad de Honduras- 

           

Lo de matar al mensajero es una frase hecha que suele usarse en sentido figurado, pero con demasiada frecuencia se cumple al pie de la letra. Sobre todo en situaciones de conflicto, cuando los mensajeros son más molestos, meten las narices donde no deben y hacen preguntas impertinentes. 

Desde hace años, por ejemplo, no hay guerra que no se lleve por delante a unos cuantos informadores. En Irak, desde la invasión de 2003 han caído 139. Algunos a manos del ejército estadounidense, como Namir Noor-Eldeen, el fotógrafo de Reuters cuyo asesinato –junto al de varios civiles- acabamos de ver en un video grabado por quienes apretaron el gatillo. 

Sus uniformados asesinos dicen que lo tomaron por un atacante. Y no se confundieron: pocas cosas más peligrosas para un ejército combatiente que un tipo armado con una cámara, sobre todo si no va empotrado con las tropas. Recuerden que lo mismo sucedió con José Couso, de cuyo asesinato se cumplen hoy siete años: su cámara era más amenazante que la bazuca con la que dijeron confundirla. 

Irak ha encabezado varios años la lista de países más peligrosos para los periodistas. En los últimos meses, sin embargo, ese honor corresponde a un país que cada vez da más miedo: Honduras. Desde el golpe del pasado verano no ha cesado la caza contra la resistencia civil, pero también contra los medios independientes, y ya son cinco los periodistas asesinados en un mes. 

En el caso de Honduras, no podemos esperar mucho del gobierno de Porfirio Lobo, cuya complicidad con el golpe se ha exhibido de nuevo al nombrar al general Romeo Vasquez –el que sacó del país a Zelaya- como director de la empresa nacional de telecomunicaciones. A cambio, podemos pedir a Rodríguez Zapatero –presidente de turno europeo- que presione al gobierno hondureño para que cesen los crímenes y no queden impunes. 

De todas estas cosas podemos hablar esta tarde, a las ocho frente a la embajada estadounidense, junto a la familia y amigos de José Couso, que llevan siete años exigiendo justicia. Ánimo.