Trabajar cansa

No es el despido lo que van a abaratar

"Hay que superar la creencia de que la reforma laboral es un ajuste de cuentas entre los derechos de los trabajadores y la libertad de empresa." -José Blanco, ministro de Fomento- 

             

Tenemos tal indigestión informativa estos días, con tantas noticias políticas y judiciales de digestión pesada, que corremos el riesgo de dejar en el plato uno de los bocados más duros de roer: la reforma laboral, esa que llevamos dos años temiendo, y que como la sentencia del Estatut en algún momento acabará por llegar. 

A la vista de la última propuesta del gobierno, uno pensaría que el fondo del asunto es cómo abaratar el despido sin que parezca que se abarata el despido. De ahí el despliegue de eufemismos, piruetas retóricas, barnices europeos (alemán y austríaco esta vez) y medidas poco claras: mucha salsa para endulzar o cuando menos disimular el sabor de la reforma, que al final sabe a lo mismo de siempre: recorte de derechos para los trabajadores, empezando por el coste del despido. 

Da lo mismo que muchos empresarios reconozcan que un despido más barato no habría evitado los millones de trabajadores enviados al paro y que, por muy barato que sea despedir, no van a contratar mientras no se recupere la actividad económica. Da lo mismo la evidencia de que el despido no debe de ser tan caro cuando no ha impedido que tantos se vayan a la calle. Da lo mismo que en la práctica el despido medio no haya dejado de abaratarse, y más que lo va a hacer tras una crisis que traerá miles de falsos autónomos y trabajadores en negro. Todo ello da igual: al final, parece que si no abarata el coste para las empresas no merece el nombre de reforma. 

De manera que, si el abaratamiento del despido no va a servir para mucho, ¿por qué insisten? ¿De qué se trata? Pues de abaratar, no ya el despido, sino el trabajo, el valor del trabajador. Las medidas propuestas –la extensión del contrato de 33 días, la inclusión de las ETTs, o esa indemnización portátil que llaman austríaca- conducen a lo mismo: a que en la relación trabajo-capital el valor del primer elemento valga cada vez menos; a que el trabajador vaya de una empresa a otra sin problemas; es decir, que sea intercambiable, prescindible. Flexible, para entendernos.