Trabajar cansa

Quizás no necesitamos volar tanto

"La actual situación no se puede sostener durante mucho tiempo, ni siquiera algunos días más. Habrá que extraer lecciones de ella." -Siim Kallas, comisario europeo de Transportes- 

              

Ahora que todos quieren extraer lecciones de cara al futuro por lo sucedido con el volcán islandés, hay un hecho central que puede pasar desapercibido: se han suspendido más de 20.000 vuelos durante días y no ha pasado nada, no se ha acabado el mundo. 

Dirán ustedes: ¿cómo que no ha pasado nada, con la que se ha liado? Cambios de planes, millones de pasajeros tirados, pérdidas económicas. Vale, todo eso es cierto. Pero la causa no ha sido la imposibilidad de volar, sino lo repentino e inesperado de la misma. Y a cambio hemos sabido improvisar todo tipo de soluciones: transportes alternativos, videoconferencias, citas aplazadas… 

Un mal trago para muchos, por supuesto. Pero insisto: el problema para la mayoría no ha sido no poder volar, sino que no contaban con ello. Si hubieran sabido que no habría vuelos, ¿cuántos habrían necesitado seguir con sus planes a toda costa? O dicho de otra forma: ¿son imprescindibles 28.000 vuelos diarios en Europa? 

Está muy bien ser un ejecutivo que desayuna en Barcelona, come en Berlín y cena en París; es un placer ir de compras a Londres, conocer mundo cada mes con el low-cost, y tener fútbol de calidad varias veces por semana. Pero esa facilidad con que tomamos el avión como quien sube al autobús nos hace olvidar lo insostenible de esos 28.000 vuelos, el alto coste económico, energético y ambiental. 

No digo que haya que cerrar los cielos para siempre, qué tontería. Pero entre eso y la actual saturación aérea podría haber un escenario intermedio, donde siguiéramos volando pero menos. Mucho menos. Fíjense por ejemplo en esos ministros europeos reunidos por videoconferencia. Considerando que los ministros no viajan solos, ¿cuánto nos hemos ahorrado en billetes y hoteles? No siempre será viable una videoconferencia, pero muchas veces sí. 

Eso es lo que el volcán nos enseña, si queremos atender: que el actual modelo no es obligatorio, ni es inevitable crecer más y más. Y que si hemos podido prescindir unos días del 80% de vuelos habituales, quizás es que no necesitamos volar tanto.