Trabajar cansa

Como para echarnos a llorar

"En el caso de que la patronal y los sindicatos no lleguen a un acuerdo en dos semanas, actuaremos. No se puede demorar más allá." -Celestino Corbacho, ministro de Trabajo- 

             

Si tienen pensado ir a la manifestación del Primero de Mayo hoy, llévense el pañuelo. Porque lo mismo, una vez que estemos todos juntos y nos miremos, nos ponemos a llorar. No estamos como los trabajadores griegos, pero tampoco para muchas alegrías. Echen un momento la vista atrás, y vean dónde estábamos hace justo un año por estas fechas, y lo que nos ha caído encima desde entonces. 

Para empezar, en los doce meses transcurridos desde el anterior Primero de Mayo se han ido al paro otros 600.000 trabajadores. Desde el comienzo de la crisis hasta hoy son dos millones y medio los que han acabado en la calle. Y sumen otro dato lacrimógeno: el número de parados mayores de 45 años ya supera el millón. 

Más motivos para llorar: el año pasado las manifestaciones insistieron en un mensaje rotundo contra cualquier intento de reforma que supusiera abaratar el despido, y el propio gobierno rechazaba entonces las propuestas de la Patronal en ese sentido. Hoy, un año después, todos parecen haber aceptado como inevitable una reforma que muy probablemente incluirá la extensión del contrato de 33 días, quedando el de 45 días sólo para las grandes ocasiones. De este mes no pasa, ha advertido el ministro de Trabajo dando un ultimátum al diálogo social. Lo exigen "los mercados", a los que hay que tranquilizar para que no sigan mordiendo. 

Escurran el pañuelo, que hay más. Hace un año todavía nos aseguraban que los trabajadores no debíamos pagar la crisis, por no haberla causado. Un año después, y una vez hemos pagado todo lo pagable y más, el mensaje se ha alterado ligeramente: ya no se trata de que no paguemos esta crisis, sino de intentar que no nos toque también pagar futuras crisis, como anunciaron los ministros europeos en el último Ecofin mientras se pensaban alguna tasa bancaria que quedó en nada. 

Pese a todo ello, no caigamos en el derrotismo. Hoy es el día de salir a la calle, y no para llorar. Mientras nos manifestamos aquí, estemos atentos a cómo lo celebran los trabajadores griegos. Por lo que pueda pasar.