Trabajar cansa

El 'ménage à trois' que no pudo ser

"Lo más importante no es que haya acuerdo o no, sino que de alguna manera, bien por acuerdo o porque el Gobierno goberne, se haga la reforma." -Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE-

 

Lo de montar un trío es una vieja fantasía de algunos, pero a la hora de la verdad suele terminar fatal. Para que un trío funcione debe ser un tríangulo equilátero. Pero en la práctica siempre hay dos que se lo acaban montando por su cuenta y echan al tercero de la cama. Más o menos lo que parece hoy el diálogo social, en su recta final: los sindicatos esperaban un ménage à trois con el gobierno y la patronal, y ahora sospechan que estos dos se la están pegando por detrás.

El diálogo social puede acabar en encerrona, tras dos años a tirones: el ultimátum del Gobierno a los negociadores para que lleguen a un acuerdo de inmediato, o de lo contrario lo hará por decreto, va más bien dirigido a una de las partes, la sindical. Sólo hay que ver cómo han respondido los empresarios al ultimátum: están encantados, y animan al Gobierno a legislar.

Uno piensa: ¿por qué se metieron los sindicatos en esa cama? ¿Acaso no sospechaban que acabarían siendo los cornudos del triángulo? ¿No son ya mayorcitos para saber de qué hablamos en España cuando decimos reforma laboral?

Podemos creer que a los sindicatos los llevaron al huerto con promesas de amor y palabras bonitas, y que han pecado de inocentes. Basta echar un vistazo a cómo empezó el diálogo social, hace casi dos años: en junio de 2008 el presidente del Gobierno citó a patronal y sindicatos en Moncloa ofreciéndoles su dormitorio para intimar. Sólo un mes después, las tres partes fijaron la llamada "hoja de ruta" de la negociación, al firmar una "Declaración para el impulso de la economía, el empleo, la competitividad y el progreso social", donde por supuesto todo era blanquísimo, sin mención alguna a la reforma laboral, ya que fijaba otros temas para hablar.

Pero una vez en la cama, los empresarios no tardaron en pedir lo de siempre, "anda, déjame que te flexibilice un poquito, tontín, que no te va a doler", y hasta aquí hemos llegado. Ya se sabe: quien con la patronal se acuesta, reformado se levanta. Y pese a todo, dicen que los sindicatos lucharán por salvar la relación hasta el último momento.