Trabajar cansa

Si los funcionarios tienen frío...

"Aun sintiendo que la solución pasa por reducirles el sueldo, los funcionarios asumen su responsabilidad acudiendo a sus centros de trabajo." -Ángel Franco, consejero de Administración de la Junta de Extremadura-

 

Si, como llevamos días repitiendo, la huelga de funcionarios de ayer era un termómetro para medir la temperatura social antes de lanzarse a una huelga general, la conclusión es clara: hace mucho frío ahí fuera. Más allá de la contabilidad creativa con que el gobierno mide la participación en la huelga, o de esos caprichosos servicios mínimos que son la mejor herramienta para reventar un paro, lo cierto es que la huelga fue mediana en algunos sitios, y escasa en otros.

Para averiguar qué pasó, por qué tantos funcionarios desoyeron la convocatoria de huelga, hago un modesto trabajo de campo en mi entorno, preguntando a conocidos qué sucedió en sus centros de trabajo. Me encuentro con situaciones variadas, pero que se repiten en distintas administraciones.

Uno me dice que no paró porque no llega a fin de mes, tiene hipoteca, y perder un día de sueldo le obliga a rehacer las cuentas. Otro, contratado como personal laboral, me asegura que sus compañeros y él tienen miedo de no ser renovados cuando acabe su contrato si hacen huelga. Hay quien piensa que la huelga no iba a servir para nada, y quien critica a los sindicatos. Y por último, un amigo no pudo sumarse pues, aunque trabaja para una administración, con horario laboral y las mismas obligaciones que el resto de sus compañeros, él no es asalariado, sino autónomo -falso autónomo, más bien-.

Resumiendo unos y otros, las razones de muchos para no hacer huelga tienen que ver con penuria económica, miedo a los jefes, desmovilización, desclasamiento y formas de contratación irregular. ¿Les suena de algo? Exacto: todo aquello que los trabajadores del sector privado conocemos bien. Se trata de males que se extienden entre los funcionarios, pero que para el resto de asalariados son epidemia.

Es decir: si en la función pública hace frío, en las empresas la temperatura puede ser glacial. Y si los funcionarios, que están algo más abrigados que el resto, se lo piensan tanto para hacer una huelga, qué podemos esperar de los demás trabajadores. No se trata ya de quién quiere hacer huelga, sino de quién puede.