Trabajar cansa

Un Mundial de riesgo

"Es muy conveniente permanecer en grupo y evitar pasear por las ciudades, muy en particular de noche." -Recomendaciones de viaje al Mundial, Ministerio de Exteriores-

 

Si los gobernantes sudafricanos pretendían que el Mundial fuese la mejor campaña publicitaria de su país, no han comenzado con muy buen pie. Ya antes de empezar el primer partido los medios llevaban días insistiendo en la inseguridad. Ha bastado que unos pocos periodistas sean atracados para que los millones gastados en vender una Sudáfrica moderna y atractiva sean ensombrecidos por unos delincuentes de poca monta.

El guión ya está así trazado, y cualquier incidente que sufran hinchas o periodistas ocupará titulares, pues el estigma de la inseguridad domina las noticias antes de que el país tenga oportunidad de demostrar nada. Uno lee lo que estos días se ha publicado sobre Sudáfrica, y no entran muchas ganas de hacer turismo. Si además caen en tus manos las recomendaciones que publica Exteriores, ya ni les cuento: pánico total y angustia por nuestros periodistas deportivos convertidos poco menos que en corresponsales de guerra, y por nuestros valientes futbolistas que lucharán entre salvajes -negros y pobres-.

Se ha repetido durante semanas que hacer el Mundial en Sudáfrica era un riesgo. Y lo es, pero no tanto para las selecciones o aficionados, ni para los partidos y retransmisiones. Es un riesgo sobre todo para el país, para la propia Sudáfrica. Un gran acontecimiento como éste es un escaparate, pero en él se ve tanto lo bueno como lo malo. Y puede acabar siendo contraproducente para el país convertirse en centro de atención de unos ciudadanos cuya mirada sobre África ya es de por sí prejuiciosa.

Y no será porque no se hayan esforzado en adecentar el escaparate. Aparte de construir brillantes infraestructuras, el Mundial ha implicado el aislamiento o traslado forzoso de barrios que puedan estropear la postal, y la expulsión de los vendedores ambulantes del entorno de los estadios –para que se instalen los patrocinadores oficiales-.

No me interesa el fútbol, y desconfío de estos eventos. Pero le deseo lo mejor a Sudáfrica, un país con suficientes problemas como para que el Mundial en que tanta ilusión ha puesto le acabe pasando una mala factura.