Emoción a raudales en el G20

“Estamos en el buen camino: en el G20 del próximo noviembre se adoptarán decisiones importantes sobre la regulación del sistema financiero.” -Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo-

 

La cumbre del G20 que arranca mañana en Toronto promete ser mucho más emocionante que las anteriores. No hay más que echar un vistazo al calendario para comprobarlo: el sábado Estados Unidos y Corea del Sur, ambos miembros del G20, se enfrentan en octavos a Uruguay y Ghana respectivamente. Y el domingo, cuatro países del club cruzan sus destinos: Argentina frente a México, y Alemania contra Inglaterra. Ya ven, pura emoción, y dificultades para acomodar los horarios de las reuniones y los de los partidos.

¿Creen que bromeo? No estén tan seguros. Fíjense que Sarkozy anuló ayer una reunión preparatoria de la cumbre para recibir al capitán de la selección francesa, en plena crisis nacional por el fracaso en el Mundial. Así que no exagero si digo que lo más interesante que verán este fin de semana serán los octavos de final. Ellos, y nosotros, que observamos con indiferencia la cita de los mandamases.

Por si nuestra confianza en los resultados de estas cumbres no fuera de por sí escaso, ya se han ocupado ellos de no despertar ninguna expectación. Atrás quedaron las grandes promesas de los encuentros anteriores, cuando iban a refundar el capitalismo de una sentada. Pronto se dieron cuenta de que no hacía falta, que el capitalismo ya se refunda solito: y bien que lo está haciendo, aprovechando los destrozos de la crisis para comerse el Estado de Bienestar, el euro y lo que se ponga a tiro.

La cumbre de este fin de semana en Toronto no llama a engaños a nadie. Como mucho volverán a darle otra vuelta a la prometida tasa financiera, pero sin prisa, aplazando la decisión final para la próxima reunión, la de noviembre, que será la refinitiva, de verdad de la buena.

Nadie parece ir con mucha ilusión. Recuerden las peleas por una silla en la de Washington, y lo que fardó nuestro presidente tras sentarse a la mesa de los mayores. Esta vez también acude Zapatero, pero no saca pecho. Y si él, siempre tan optimista, va casi de extranjis, cómo irá el resto. Eso sí: en la declaración final no faltará un compromiso contra el cambio climático. Nunca falla.