Vaya curso… Y el que nos espera…

“Quiero que la campaña electoral comience en unos minutos. No hay cansancio que valga. A partir de este mismo instante estamos en campaña.” -Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana-

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Yo, como el presidente del Gobierno, este año no me tomaré apenas vacaciones. Aunque durante agosto no leerán esta columna, no piensen que estoy tirado en la playa con un novelón, qué va: estaré de guardia, o más bien en guardia, pensando en las cosas importantes y planificando la vuelta del verano. Como mucho saldré algún fin de semana, eso sí, cargado de trabajo, como dicen que harán el presidente y la mayoría de ministros, o como ésos que amenazan con hacer campaña en la playa.

No sé ustedes, pero yo llego a agosto con la lengua fuera. Menudo curso desde el pasado septiembre hasta hoy, de susto en susto y de cabreo en cabreo. Echo la vista atrás, a los últimos once meses, y veo que no ha faltado de nada. La ‘nube de tags’ del curso sería algo así: crisis, paro, ataques especulativos, fusiones de cajas, reforma laboral, Estatut, aborto, Garzón, toros, Gurtel, burka, Honduras, Lorca, Aminatu Haidar, curas pederastas, terremoto en Haití, volcán islandés, huelga en el Metro, flotilla de Gaza, y sigan ustedes, que yo me canso sólo de recordarlo.

Ya sé, ya sé: todo ello quedará ensombrecido por la noticia del curso, del año, de la década o del siglo: el “Yo soy español, español…”. Si a alguien le ha servido para endulzar un curso tan intenso y amargo como éste, afortunado él.

Pero no respiren aliviados, no piensen que lo peor ha pasado: echen un vistazo a lo que se avecina, lo que promete el próximo curso. Aparte de los muchos imprevistos, podemos apuntar ya varias citas en la agenda. Como decía Hitchcock que debía ser una buena película, empezamos con un terremoto y de ahí para arriba sin un respiro: arrancamos nada menos que con una huelga general, seguimos con unas elecciones catalanas, y no desmontamos el escenario de los mítines que luego vienen las autonómicas y municipales. Y por medio, la anunciada reforma del sistema de pensiones, y un proceso de paz en Euskadi que puede saltar en cualquier momento.

Cansa sólo de leerlo, ¿verdad? Así que, pensándomelo mejor, creo que sí voy a descansar en agosto. Despiértenme en septiembre. Gracias.