Trabajar cansa

Ningún presidente USA sin su proceso de paz

"Estados Unidos cree que las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina pueden ser completadas en un año. Pensamos que esto es realista." -George Mitchell, Enviado Especial de EEUU para Oriente Próximo-

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Los norteamericanos, tan amantes de las tradiciones, tienen unas cuantas vinculadas al inquilino de la Casa Blanca, que lo convierten en un ser en el fondo bastante previsible. Así, todo presidente está obligado a unas cuantas estampas rituales: entre otras, el indulto del pavo de Acción de Gracias, el video familiar de navidades, hacer una nueva guerra y reactivar el proceso de paz en Oriente Próximo.

El actual presidente Obama ya ha cumplido con el pavo y la felicitación navideña, y todavía tiene pendiente empezar una guerra propia, cita a la que no faltará cuando esté un poco más liberado de Irak y Afganistán. Así que ahora se ha decidido a seguir otra tradición propia de todo los presidentes desde hace años, y en su caso urgido por ese premio Nobel para el que todavía tiene que hacer méritos: implicarse en el conflicto entre Israel y sus vecinos, y prometer solucionarlo.

Lo de aquella región es algo cíclico, circular, que permite adivinar lo próximo que ocurrirá. Desde hace décadas se suceden períodos de tensión, guerras y conferencias de paz que fracasan e inauguran nuevos períodos de tensión que a su vez conducen a nuevas guerras que acaban justificando un nuevo proceso de paz, y sigue la rueda. Las conversaciones que ahora empiezan no pintan mejor que las anteriores, más bien al contrario: nadie espera nada, y los llamados a dialogar muestran tan poca voluntad para el acuerdo que cualquiera pensaría que viven mejor en el conflicto permanente que en una hipotética paz.

Pero además, cada fracaso del llamado "proceso de paz" aleja más su resolución. Frente al tópico de que cada vez estamos más cerca de la paz –cosa que sería cierta si la paz fuese un punto fijo en el horizonte, al que nos iríamos acercando con el mero paso del tiempo-, la realidad es que cada fracaso suma nuevos agravios, más odio, y sobre todo nuevos hechos irreversibles, que empujan más hacia el futuro esa anunciada paz, si es que no pasaron ya por encima de ella hace años para seguir adelante tras dejarla atrás, pisoteada y enterrada.