Trabajar cansa

De profesión, político

"Llevo en este partido desde los 16 años, y siempre he procurado dejarme la piel en los puestos de responsabilidad que el partido me ha pedido." -Leire Pajín, Ministra de Sanidad-

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Aunque hoy las portadas se la llevan los triunfadores de la remodelación de gobierno, dediquemos una última mirada a los seis que desde ayer forman parte de un colectivo numeroso: el de ex ministros. Zapatero en seis años ya ha echado mano de 38 personas, que se suman a los 33 ex ministros que dejó Aznar en dos legislaturas, y las decenas de gobiernos anteriores.

Al cesante se le suele ver como un derrotado, y hay toda una mitología sobre el síndrome del ministro saliente, que pierde el coche oficial y ve cómo enmudece su teléfono. Pero la experiencia de treinta y tantos años de democracia demuestra que pocas caídas hay tan dulces como la del ministro, cuya defenestración siempre encuentra un lecho mullido sobre el que caer. Más que nada porque uno deja de ser ministro, pero es ex ministro de por vida, casi como un título nobiliario.

Los seis cesantes de ayer se van sin incertidumbre alguna sobre su futuro profesional: una va al Consejo de Estado, dos se quedan como altos cargos, otro se va a la política autonómica y dos tienen escaño de diputado. No se sabe hasta ahora de ningún ministro que se haya quedado con una mano delante y otra detrás tras perder la cartera, más bien al contrario: la democracia, tanto las instituciones como los partidos, han sabido siempre agradecer los servicios prestados.

Miro por curiosidad qué fue de los anteriores ministros de Zapatero, y veo a todos bien colocados: de los 17 ‘cadáveres’ anteriores, 7 están en el Congreso, 4 en organismos internacionales, uno en el Parlamento Europeo, otro de presidente autonómico… Y lo mismo con los 33 fieles de Aznar: 10 siguen siendo diputados, 2 senadores, 2 eurodiputados, otros 4 en instituciones varias, y una docena en la empresa privada, la mayoría en puestos que nada tienen que ver con su vida anterior.

No pretendo que los servidores públicos acaben en la cola del paro, pues prefiero que no piensen en las lentejas futuras mientras tienen cargo. Pero sorprende que tan pocos regresen a su ocupación anterior. Aunque la pregunta es otra: ¿cuántos tenían ocupación anterior? ¿Cuántos son de profesión ‘político’?