Trabajar cansa

Obama: fue ¿bonito? mientras duró

"El pueblo americano habló muy claro. Los votantes quieren que el presidente cambie de rumbo, y cambiar de rumbo es lo que vamos a hacer." -John Boehner, líder republicano en el Congreso de EEUU-

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Bueno, pues ya está, ya pasó. Los norteamericanos ya saben lo que es tener un presidente progresista, pacifista y ecologista, pero ya está, con un par de años vale. El propio Obama ha hecho propósito de enmienda y anuncia que va a cambiar en lo que queda de mandato, con la ayuda de unos republicanos tan crecidos que pueden obligarle hasta a devolver la medalla del Nobel. Una pena, ha sido breve pero fue bonito mientras duró. ¿Sí? ¿Fue de verdad tan bonito, o sólo lo pareció?

Pues no ha debido de ser tan bonito, y de ahí la decepción de muchos de los votantes que lo llevaron al poder y que el martes le dieron la espalda, cambiaron de papeleta o se quedaron en casa. Contra todo lo que prometió en su ilusionante campaña, son muchos los incumplimientos: no ha cerrado Guantánamo, ha metido más tropas en Afganistán, ha aprobado una reforma financiera más aparente que efectiva, y una reforma sanitaria reducida –y que además pueden liquidar los republicanos-; ha aplazado la prometida reforma migratoria, y sobre todo ha fundido más de 800.000 millones para salvar bancos y grandes empresas mientras tantos ciudadanos eran desahuciados y sufrían un paro que, siendo menor que el español, es insoportable con un Estado del Bienestar tan escuálido como aquel.

Obama ha perdido las elecciones por la fuerte movilización conservadora pero también por la desmovilización de los suyos. Y en ambos casos tiene mucha responsabilidad: su retórica progresista ha encendido los ánimos más derechistas, que a partir de sus promesas y discursos levantaron sus acusaciones de peligroso izquierdismo, tanto como ha decepcionado a los suyos, que esperaban más hechos y no tanta palabra bonita.

Además le ha tocado pagar el pato de la crisis. Se encontró con una debacle económica heredada, y se ha empleado a fondo en salvar Wall Street con dinero público para rescates y estímulos. Y así se lo agradecen los rescatados, denunciando la política ‘socialista’ sin la que muchos bancos y grandes compañías habrían desaparecido.

Otra prueba más de que el mundo se está derechizando, y cada vez más.