Trabajar cansa

El obituario de ETA ya está listo

"Es triste que después de cincuenta años de terrorismo España esté pendiente de si el comunicado es el sábado o el domingo." -Ángeles Pedraza, presidenta de la AVT-

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Desde hace semanas, cada viernes los columnistas de prensa sacamos del congelador la columna que tenemos ya escrita, precocinada y a falta de un calentón, para el día en que ETA publique el comunicado de alto el fuego. Dicen que pudo haber sido hace dos sábados, pero que los controladores les quitaron foco y decidieron esperar a otro fin de semana en que nadie les robe protagonismo. Hay quien asegura que será mañana, mientras otros sostienen que tras las navidades.

No sólo los columnistas tenemos la columna para ese día ya escrita y en el congelador. Los periódicos deben de tener portadas y editoriales listos para que no les pille en bragas –y en fin de semana-, los tertulianos habrán ensayado ante el espejo un par de opiniones ingeniosas, los partidos políticos tienen en el cajón el comunicado de valoración, y los portavoces parlamentarios y gubernamentales se saben de memoria la declaración que harán ese día.

Y es que desde hace semanas sabemos que habrá un comunicado pronto, e intuimos cuál será su contenido, por lo que todo lo que provocará es tan previsible como el propio comunicado. Sabemos quién lo saludará como un paso esperanzador, quién lo verá positivo pero insuficiente, quién lo rechazará y quién dirá que es un "alto el fuego trampa".

Me recuerda a esos obituarios sobre personajes de edad avanzada o salud delicada, que los periódicos tienen preparados por si se mueren en cualquier momento, a veces desde años antes de su fallecimiento. Normalmente se trata de personajes tan terminales que, cuando oímos hablar de ellos, se nos escapa eso de "ah, pero ¿no había muerto ya?".

Como en esos casos, también la muerte de ETA parece ya tan probable, tan previsible, que como se retrase mucho más, el día que anuncie su final nos preguntaremos: "Ah, pero ¿no estaba muerta ya?" Qué diferente de anteriores anuncios de alto el fuego, que en su día despertaron ilusión y esperanza. El de ahora no es un mero trámite, pues queda por delante un camino difícil, pero nos pilla ya cansados. Hasta sus deudos lo esperan a pie de cama impacientes porque estire de una vez la pata.