Trabajar cansa

Sin madera no habrá hoguera

"Los nuevos vecinos del barrio son los más modernos de Madrid. Y conviven en armonía con los vecinos de siempre." -Presentación turística de Malasaña en la web municipal esmadrid.com-

Como no voy mucho por el centro de Madrid, cada vez que lo hago me ocurre lo mismo: la tienda a la que voy ha cerrado y en su lugar hay una boutique chic, la tasca donde quedé ha sido sustituida por un starbuck, el cine de ayer es hoy una franquicia de ropa juvenil, y la humilde casa de vecinos se rindió ante un lujoso hotel.

No es que yo me haga viejo: es que las autoridades hace tiempo que decidieron que el centro urbano es un escaparate para el turismo y los negocios, y eso implica un cambio urbanístico, comercial y, por supuesto, social y vecinal. Gentrificación lo llaman, proceso por el que los habitantes y el pequeño comercio de un barrio son desplazados a la misma velocidad que sube el precio del metro cuadrado y la renta media de los nuevos inquilinos. Un proceso de especulación inmobiliaria que ha ido avanzando en los barrios próximos a la Gran Vía madrileña, y que llega ya hasta Lavapies.

Me fastidia perder mis lugares habituales y verlos sustituidos por clones que igualan las calles de mi ciudad a las de cualquier capital globalizada. Pero lo llevo peor cuando lo que desaparece no es ya un bar, un ultramarinos o un cine, sino un espacio político y social. Es lo que está a punto de ocurrir con el Marx Madera, que durante tres décadas ha mantenido viva una de las hogueras más vivas de la izquierda madrileña.

Somos muchos los que empezamos algún tipo de militancia gracias a que un día entramos en este local de Malasaña, vinculado al PCE pero abierto a todo el mundo, y que ha servido de sede informal para todo tipo de colectivos políticos, sociales y ecologistas, además de ser un espacio de debate y de resistencia como quedan pocos.

Sobre el Marx Madera pesa una orden de desalojo con fecha de 14 de enero. Para impedir su cierre –motivado por intereses inmobiliarios, pero que de paso eliminará un molesto foco de activismo- hay una plataforma de apoyo, recogida de firmas y una cuenta solidaria.

Echémosles una mano para que la próxima vez que vayamos no nos encontremos en su lugar una tienda gourmet o un café pijo donde ya no podremos encender la hoguera.

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