Trabajar cansa

¿Cuánto resistirán los colchones?

"El gasto social, que no ha dejado de crecer, es lo que sujeta a muchas familias que sufren por la crisis." -Elena Valenciano, portavoz del Comité Electoral del PSOE-

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Al hacer ayer balance social del año volví a acordarme de aquel libro genial de hace un tiempo: El año que tampoco hicimos la revolución. Escrito por un colectivo anónimo, construía un relato del 2005 a partir de informaciones socioeconómicas en clave de lo que siempre se llamó lucha de clases, para acabar preguntándose: "¿cómo puede ser que en un año en que los beneficios empresariales se acercaron al 25% y los salarios apenas crecieron un 3% no haya explotado la revolución social?".

El libro se refería a un año de teórica bonanza, cuando la desigualdad de rentas se disimulaba con burbujas, crédito fácil y consumo. La pregunta se reformula en 2010, mucho más dramática: ¿cómo se explican cuatro millones y medio de parados, pérdida de poder adquisitivo, recortes sociales y aumento de ganancias de las grandes fortunas, sin que explote no ya la revolución, sino siquiera un conflicto social importante?

Leo en estos días varios análisis que coinciden en tres respuestas. En primer lugar, hay muchos que siempre han vivido en crisis, y ya habían desarrollado mecanismos de adaptación: no olvidemos que en los años de vacas gordas teníamos dos millones de parados. En segundo lugar, la economía sumergida, que amortigua a corto plazo aunque a largo es devastadora, pues supone pérdidas de derechos sociales y tira a la baja de las condiciones laborales de todos.

En tercer lugar, el colchón familiar: tanto hablar los obispos de la crisis de la familia, y la crisis demuestra que no hay institución más sólida: hijos treintañeros de vuelta al hogar paterno, hipotecas salvadas por hermanos y cuñados, pero también padres que sobreviven con ayuda de sus hijos.

Todo ello explica que la temperatura social siga templada entre tantos fuegos, pero todo tiene un límite: tanto las mañas para adaptarse, como la capacidad de absorción de la economía sumergida o la amortiguación del colchón familiar no resistirán indefinidamente. Tal vez llegue una cierta recuperación antes de que colapsen. Pero entonces habrá que regenerarlos a la carrera para que la siguiente crisis no nos pille desnudos.