Trabajar cansa

Que levante la mano quien le importe Haití

"La respuesta internacional fue una de las mayores en la historia y hoy en día continúa ayudando a los supervivientes." -Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU-

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Lo de Haití, qué quieren que les diga: nos importa una higa, por mucho que estos días nos demos golpes en el pecho, dediquemos portadas y telediarios, o escribamos columnas en clave de denuncia (como ésta misma). Nos importa una higa, pero le dedicamos tiempo y espacio porque toca, porque somos fieles a los aniversarios, porque la miseria es muy fotogénica, y porque así cumplimos el cupo de mensaje social, como esos discos pop que meten siempre una canción de relleno sobre la inmigración, el maltrato o los niños pobres.

Si en un año no hemos sido capaces de hacer nada para rescatar a los haitianos, imaginen el silencio sideral que caerá sobre ellos cuando pase el aniversario, y hasta próxima fecha (hasta la próxima desgracia, que tiene el listón ya muy alto). Más o menos como el que sufrían antes de un terremoto cuyo único efecto positivo (por decir algo) fue ponerlos en el mapa y que hablemos de ellos.

Por no importarnos, ni siquiera somos muy precisos con el número de víctimas. Leo estos días lo que se publica y me llama la atención la disparidad de cifras sobre los muertos: unos dicen 200.000, otros 250.000 y otros suben a 300.000. Una horquilla de 100.000, ahí es nada.

Tampoco tenemos muy claras las cuentas sobre el dinero para la reconstrucción. Desde el inicialmente prometido al finalmente recaudado, y de éste al efectivamente enviado hasta llegar al realmente utilizado va una gotera sin fin, una fuga por la que han volado miles de millones que nunca llegarán a los haitianos, perdidos entre buenas palabras, cuentas marrulleras (parte del dinero era la condonación de una deuda que de todas formas no podrían pagar), descoordinación, corrupción y la dispersión de tantas organizaciones trabajando (y compitiendo) sobre el terreno.

Al hacer memoria de aquellos días, recuerdo a aquellas voces optimistas que decían que el terremoto tenía su lado "bueno": iba a permitir construir el país desde cero, como una oportunidad de empezar de nuevo. Ja. Ni ganas tendrán de reírse los haitianos, hundidos en las mismas ruinas de entonces, con más enfermedad, más violencia y menos futuro.