Trabajar cansa

¿Resistirá el Estado autonómico más que el de Bienestar?

"Que el Estado autonómico, hoy por hoy tal y como está funcionando, es insostenible es una evidencia a todas luces." -María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP-

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Cualquier día los mercados nos dicen, por boca de sus portavoces habituales, que para reducir el déficit y recuperar la confianza de los inversores hay que abolir la monarquía o terminar con los privilegios de la iglesia católica. ¿Se imaginan? No caerá esa breva, ya lo sé, pero uno fantasea a la vista de cómo la crisis está abriendo todos los melones, incluso los más duros, caso del modelo autonómico, de repente sometido a discusión.

Sostiene la derecha que el Estado de las autonomías es inviable y habría que meterle tijera, y para ello recupera su viejo discurso sobre la multiplicidad: 17 parlamentos, 17 tribunales, 17 defensores del pueblo y 17 ejemplares de cualquier cosa. Un argumento que tiene cada vez más aceptación popular, vistos los sondeos del CIS, y cala con facilidad en tiempo de crisis.

Pero que no cunda el pánico. El Estado autonómico no es el Estado del bienestar, que ha quedado a merced de los vientos de la crisis y ya veremos si nos dejan las raspas. A diferencia de los derechos sociales, las autonomías sí tienen quien las defienda: no los ciudadanos, que en general no somos ni autonomistas ni centralistas y lo que buscamos es que funcione bien; sino las elites políticas, cuyo poder se sostiene y se paga con las estructuras administrativas creadas en las regiones.

De boquilla la derecha lleva décadas criticando el modelo autonómico, pero en la práctica se lo ha montado tan bien allí donde gobierna que ni loca cedería un milímetro. Miren a Esperanza Aguirre, cuyo reino se ha construido a partir de la telaraña de poder e influencia que ha tejido en la administración autonómica. ¿Cedería alguna competencia? No, como mucho la privatizaría para que la gestionasen sus afines, pero sin perder el control.

Claro que el modelo autonómico es mejorable, y mucho, como lo son las administraciones municipales y todo el Estado. Pero ni las propuestas del PP son creíbles –vista su práctica allí donde gobierna-, ni necesariamente tiene por qué ser mejor un estado centralista, ni por supuesto es éste el mejor momento para tocar nada, pues siempre será a menos y a peor.