Trabajar cansa

A mí háblame en cristiano

"Los españoles no tenemos una autoestima tan baja como la que desprenden nuestros senadores con sus pinganillos." -Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP-

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Sólo por ver la reacción de la derecha política y mediática ya merece la pena pagar los 350.000 euros al año de traducción en el Senado. No me dirán que no es divertido ver cómo entran siempre al mismo trapo, cómo se desbocan en cuanto les tocan la lengua, la bandera o cualquier cosa que rompa la imagen nostálgica de una España monolítica. Ayer fue uno de esos días en que la prensa conservadora se lo pone a huevo a nuestro genial Vizcaíno.

Sé que a muchos les parece innecesaria y hasta ridícula la imagen de los senadores con auricular. Pero la democracia está llena de gestos así, y nadie se escandaliza. Con el mismo planteamiento se podría considerar un lujo innecesario que los diputados vayan a los plenos a votar. Total, si van a seguir la consigna del partido, ya podía ir el jefe de grupo y votar por todos ellos, y nos ahorrábamos una pasta en aviones, hoteles y taxis. Si estamos dispuestos a pagar por un parlamento con 350 diputados, ¿por qué no hacerlo para que se oigan todas las lenguas oficiales?

Pero la derecha ya tiene tema para esta temporada: el derroche autonómico, su tema favorito desde hace décadas, y donde meten la traducción del Senado como todo lo que pueda vincularse al caprichito tonto de algunos españoles de tener lengua, bandera e instituciones propias, con lo bien que estábamos todos hablando en cristiano y dejando los particularismos para los coros y danzas.

El argumento, repetido ayer, de que es algo innecesario porque todos los senadores saben castellano es tramposo. El mismo argumento podría usarse en Cataluña o en Euskadi, donde todos saben castellano. Pero es que hasta ahí llega la aceptación de la pluralidad para algunos: que hablen su lengua, vale, pero en su territorio, sin pasarse, y que por supuesto no salga de allí.

No se trata de que todos tengamos que llevar encima el pinganillo, al contrario. Lo deseable sería que tuviésemos nociones de todas las lenguas de España. Pero nadie nos ha educado para eso. ¿A cuántos escritores en catalán o gallego hemos leído, y sin traducción? ¿A cuántos cantantes escuchamos? Y del euskera ya ni hablamos.