Trabajar cansa

Ley de partidos: ¿lo de menos es que se cumpla?

"No creemos que dependa de una decisión del Tribunal Supremo si el Gobierno hace lo que tiene que hacer." -Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP-

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La estrategia político-legal del Estado contra la izquierda abertzale nos ha llevado a un resultado que no se esperaban los promotores de la ley de partidos: que la nueva formación Sortu tenga unos estatutos más democráticos e intachables que los de cualquier partido en España. Tanto se han esforzado sus juristas por superar el tupido cedazo, que les han quedado unos estatutos inmaculados, tan blancos que deslumbran.

Es verdad que en la democracia de partidos los estatutos son un apéndice decorativo. No hay más que ver lo mojados que están los papeles fundacionales de los grandes partidos, máquinas de poder donde la democracia interna y la pluralidad son a menudo trituradas. De ahí que tampoco tenga tanto mérito escribir unos estatutos escrupulosamente democráticos y respetuosos con la legalidad.

Para lo que más sirven los folios presentados en el registro es para mostrar, una vez más, la excepcionalidad democrática que supone la ley de partidos. En democracia no caben leyes ad hoc, pero la de partidos fue, sin ningún disimulo, una ley hecha a medida de Batasuna, para darle cobertura legal a la lucha contra el ‘entorno’, y que sólo se saca del cajón para aplicársela a su único destinatario.

Es como si eres un conductor temerario, y en vez de aplicarte las normas de tráfico y el código penal en caso de atropello, te hacen un código de circulación personalizado, redactado para garantizar que no vuelvas a conducir en la vida. Con esa losa ya puedes redimirte, volver a la autoescuela, prometer que te pararás en los pasos de cebra, poner un limitador de velocidad y aceptar la ‘L’ trasera de por vida, que ni por ésas te darán el carné.

La decisión de Batasuna de aceptar la ley de partidos y cumplirla a rajatabla, un sapo difícil de tragar para sus bases, abre una brecha en esa estrategia. De ahí que ahora más de uno se ponga nervioso y quiera ir más allá de la propia ley, pues lo de menos es el cumplimiento de la misma. La democracia y la justicia ya han sido suficientemente tensadas y retorcidas en la lucha contra el terrorismo. No las retuerzan más, que se pueden romper.