Quien con Gadafi se acuesta

“De Libia puede llegar una ola de inmigración de proporciones catastróficas. Y nos preocupa Al Qaeda, que apoya a los rebeldes.” -Roberto Maroni, ministro de Interior italiano-

.

Pues parece que tenemos un problema gordo al sur de Europa: inestabilidad en un país que está a tiro de piedra de nosotros, una posible salida de miles de refugiados, temor a que Al Qaeda en el Magreb aproveche las revueltas para coger terreno, y subida del precio del petróleo cuando todavía no hemos levantado cabeza con la crisis económica. Ah, sí, y unos pobres libios que están siendo masacrados, no entiendo cómo se me habían olvidado.

Una vez más se cumple el clásico proverbio de “quien con niños se acuesta, meado se levanta”. Durante años nos hemos encamado con Gadafi, le hemos reído las gracias, hemos hecho la vista gorda con sus excesos y crímenes, hemos cerrado buenos acuerdos económicos con él, lo hemos convertido en socio estratégico, y ahora nos levantamos meados de la cabeza a los pies, empapados en su declive.

Si Libia estuviera un par de miles de kilómetros más al sur, o en otro continente, no nos preocuparíamos tanto. Pero resulta que está en nuestro patio trasero, en pleno mediterráneo, y mientras se tambalea, Gadafi nos tiene cogidos por varios sitios sensibles. Durante años ha prestado buenos servicios a Europa, se ha hecho querer hasta ser imprescindible: gendarme de la inmigración africana, aliado en la ‘guerra contra el terrorismo’, buen socio comercial.

Una política cariñosa con Gadafi y que hoy están pagando los libios, que son aplastados mientras Europa se piensa qué hacer, pues antes de dar un paso tiene que contar con todos los escenarios, incluida la continuidad de un tirano al que tampoco queremos enfadar mucho no sea que nos tire algo más que una piedra.

Menos mal que los libios no necesitan nuestra ayuda para quitárselo de encima. La descomposición del régimen parece imparable, y su caída será cuestión de días. Y de muertos, por desgracia, aunque nos preocupa más que salgan en barco a que mueran bajo las balas que en su día le vendimos. Confiemos además en que Gadafi caiga cuanto antes y no le dé tiempo a enviar un cajón de papeles a Wikileaks sobre sus amistades europeas, no sea que alguno además de meado acabe cagado.