‘No sin mis 120’, otro éxito de la canción protesta

“La reducción de velocidad a 110 es un atentado contra la libertad de los ciudadanos, otro esperpento del gobierno.” -Francisco Granados, consejero de Presidencia de Madrid-

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No se rompan la cabeza con lo de los 110 kilómetros por hora, que yo se lo explico: el gobierno no reduce la velocidad máxima para ahorrar combustible, multar más o contaminar menos. Lo hace para regalarnos varios días de risas a costa del comando antiprohibicionista.

De los autores de grandes hits como “Prohibir los toros es el peor atentado contra la libertad”, “Primero vinieron a por los judíos, y luego a por los fumadores”, y “Déjame que me beba las copas de vino que quiera”, llega lo último en canción protesta: “No sin mis 120”.

Sólo han pasado cuatro días, y el calentón de boca de la derecha política y mediática ya deja una ristra de antología: “una medida soviética”, “cartilla de racionamiento”, “sólo Carrero Blanco y Arias Navarro lo hicieron antes”. Falta que opine el alcalde de Valladolid, y ya estamos todos.

Populismo, y del fácil. Saben que todo lo que tenga que ver con el coche es materia sensible, en un país donde cogemos el auto para comprar el pan, y donde a todos nos gusta el fanfarroneo tipo “Madrid-Valencia en dos horas y cuarto, como te lo cuento”. El propio gobierno nos tranquiliza con que es una medida temporal. “Todos deseamos que termine lo antes posible”, se solidarizó ayer la vicepresidenta Salgado. Que sí, que todos somos muy ecologistas, pero a ver quién es el guapo que restringe el tráfico en las ciudades. El coche no me lo toques, eh.

Hasta Fernando Alonso se ha apuntado a la polémica, como representante de un deporte que tanto ha hecho por la seguridad vial –esas carreteras llenas de fitipaldis que han aprendido la conducción agresiva de sus ídolos-.

Que sí, que vale, que la medida es insuficiente, improvisada, de efecto limitado. Por supuesto hacen falta medidas más ambiciosas, porque tenemos un problema gordo con nuestro consumo energético –no sólo el petróleo-. Pero las críticas que más oigo no son por insuficiente, sino por excesiva. Habría que oír a los mártires del “prohibido prohibir” si el gobierno aprobase un plan de ahorro energético a fondo. Lo que serían capaces de cantarnos.