Trabajar cansa

¿Quién se comerá las manzanas podridas?

"Los inversores deben tener claro que al final, sea con capital público o privado, las entidades alcanzarán los mínimos exigidos." -Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España-

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Había un frutero en mi barrio que en cada kilo de manzanas te colaba un par de piezas picadas, pasadas de madurez o directamente pochas. Si le protestabas, te decía que nones, que él tenía que vender todo el cajón, y que si querías manzanas te tenías que llevar las que te tocaran. Sobra decir que su estrategia comercial de vender al mismo precio el género bueno que el estropeado le llevó a la ruina.

En un dilema similar andan las cajas de ahorro convertidas en bancos. Como deben ampliar capital para cumplir los requisitos exigidos, van a poner a la venta parte del género, pero los compradores desconfían porque saben que tras las primeras manzanas coloradas del cajón se ocultan las podridas, y no están dispuestos a que al llegar a casa con su kilo de activos se encuentren con unas cuantas piezas con gusano.

Pero he aquí que las ex cajas cuentan con una ayudita que no tenía el frutero: la posibilidad de separar la bazofia y dejarla fuera del nuevo banco, para que éste salga a bolsa limpio y reluciente. Dicho con palabras de Bankia (fusión de Caja Madrid, Bancaja y otras), se trata de "delimitar el perímetro de la salida a Bolsa, permitiendo que puedan excluirse de la sociedad que salga a Bolsa determinados activos, con el fin de optimizar su atractivo para los inversores y su valoración."

El invento se conoce coloquialmente como "banco malo": la entidad se divide en un banco bueno y otro malo, y éste último se queda con las manzanas podridas, en su mayor parte activos inmobiliarios, tanto en propiedad como en créditos fallidos, sobre todo a promotores que ya no piensan construir. El primer paso lo dio La Caixa, y otros piensan imitarla. En el caso de Bankia, podría aparcar en el banco malo buena parte de sus 40.000 millones de cartera inmobiliaria.

Muy bonito, diría mi frutero, pero ¿esto quién lo paga? Si no se las lleva el cliente, ¿quién se queda con las manzanas podridas? ¿Quién pone el dinero para sanear lo que no se quiere comer el mercado? Adivínenlo ustedes, que se me acaba el espacio de la columna…