Trabajar cansa

¿Son pocos veinticuatro años de cárcel?

"El Estado de Derecho ha sido excesivamente blando con los terroristas, tenemos que endurecer las penas." -Ignacio Cosidó, portavoz de Interior del PP en el Congreso

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Esta primavera toca reabrir un debate clásico, de los que llenan portadas y animan tertulias: el cumplimiento de penas por los terroristas. Junto al recién liberado Troitiño, y el más veterano Sagarduy ‘Gatza’, en las próximas semanas saldrán otros cuatro presos históricos, todos con más de dos décadas entre rejas.

El caso de Troitiño es el que más polvareda levanta, pues a muchos no les salen las cuentas: 22 muertos, 24 años de cárcel, poco más de un año por muerto, calculan, y sólo un 1% de una pena de 2.500 años. Dicho así, suena a estafa. Pero cuando hablamos de justicia, de crímenes y condenas, las cuentas no pueden ser tan simples, pues por las mismas diríamos que ‘Gatza’ ha pasado 30 años por dos asesinatos, a 15 por cabeza, que tampoco sé si es un precio aceptable.

Es lógico que las víctimas consideren corta cualquier condena. Para el familiar de un asesinado el crimen no se paga ni con 20 ni con 30, ni con perpetua: su dolor es irreparable. Pero la justicia no la administran las víctimas, y tenemos un sistema legal que fija penas máximas y regula las reducciones. Si con Troitiño se aplicó la ley, hay que aceptar que también los etarras tienen derecho a salir libres.

Dicho eso, el siguiente paso siempre es pedir un endurecimiento de la ley: condenas más largas y sin beneficios, o incluso la perpetua, a la que añaden la coletilla de "revisable" para no parecer tan duros. Pero eso supone dar por buena una idea muy extendida: que la ley en España es benévola, la justicia es muy blanda y delinquir sale barato.

Nada más subjetivo que valorar la dureza o blandura de un sistema penal. Pero al margen de opiniones, lo cierto es que las sucesivas reformas han hecho del español uno de los más duros de Europa. Llámenme blando, pero no me parece poca cosa pasar 24 años en la cárcel. Piensen lo que han sido los últimos 24 años de sus vidas. O los 30 que ha pasado ‘Gatza’, que entró con 21 y sale con 52. Ya sé que las víctimas tampoco han tenido esos 30 años, ni los venideros. No digo que sea un precio justo, pero no es precisamente barato.