Trabajar cansa

Pensar y masticar a la vez

"No sorprenden estos desórdenes en Alemania, campeón del ‘discount’, con pepinos de España, campeón del ‘low cost’." -Comunicado de los productores hortícolas de Francia-

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Con la ‘crisis de los pepinos’ nos hemos pasado una semana en que al tomar gazpacho dedicábamos más atención de la habitual a lo que llevábamos a la boca. ¿De dónde será este pepino? ¿Estará limpio? Eso sí, sólo preguntábamos por los pepinos, nada qué decir sobre el tomate o el vinagre del mismo gazpacho.

Estos días ha sobrevolado un debate que se insinúa en cada emergencia alimentaria, pero que siempre se cierra en falso, o ni llega a abrirse: el debate sobre lo que comemos. ¿Qué sabemos de nuestros alimentos? No mucho más de lo que pone en la etiqueta, o en el cartelito de la frutería. Pocas veces nos preguntamos por cómo se produce, dónde, en qué condiciones (sanitarias y ambientales, pero también laborales), por qué manos pasa, quién se lleva ganancia.

La semana pasada hablé aquí de la carne, a cuenta del libro de Safran Foer sobre la industria cárnica, pero el debate alimentario vale también para la fruta y la verdura, y para todo lo que tenemos en la nevera. Por lo general somos bastante inconscientes, confiamos en los controles, y nos conformamos con que sea barato, alimente y sepa bien.

No soy un consumidor ejemplar, no doy lecciones, y tengo muchas contradicciones. Pero en mi casa decidimos hace algún tiempo que no queríamos seguir tragando sin saber, y empezamos a pensar lo que comemos. Así que nos unimos a un "grupo de consumo ecológico", el de mi barrio, uno más de los muchos que están surgiendo en todas las ciudades.

Les recomiendo la experiencia, por muchos motivos. Además de comer más sano (sin pesticida ni transgénicos), y de consumir con conciencia de dónde y cómo se producen los alimentos (productos de temporada, y de origen cercano, que no impliquen grandes desplazamientos), prescindimos de intermediarios: compramos directamente a productores, y funcionamos mediante autogestión, nosotros mismos hacemos los pedidos, las facturas y el reparto de los productos.

Supone mucho más trabajo que llenar el carro en el súper, sí; pero el esfuerzo se compensa con creces. Hagan la prueba de pensar y masticar a la vez.