Trabajar cansa

Salvar los muebles mientras se cae la casa

"Con la reforma se salvan algunos muebles, como la ultraactividad, aunque muchos otros puntos son mejorables." -Ramón Górriz, secretario de Acción Sindical de CCOO-

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Cuando le preguntaban ayer al ministro de Trabajo a quién quiere más, si a papá o a mamá, a los sindicatos o a la patronal, él juraba que a los dos por igual, y que la reforma de la negociación colectiva es un punto de equilibrio.

Sin embargo, la patronal y sus medios afines han lanzado la consigna de que es una reforma dictada por los sindicatos, a su medida. Los propios sindicatos, aunque lo niegan, reconocen que "se salvan algunos muebles", lo que equivaldría a darse con un canto en los dientes en los tiempos regresivos que corren.

Que la patronal se muestre decepcionada es lo habitual, y no dice mucho de a quién beneficia la reforma, pues para los empresarios la mejor negociación colectiva es la que no existe, la que no es colectiva. Para ver quién gana con esta reforma, hay que ver de dónde partían unos y otros cuando se sentaron a hablar.

El problema, que ya hemos visto en otras negociaciones, es el punto de partida de cada parte. Cada vez que se abre una mesa de diálogo, los empresarios se presentan con su programa de máximos, y a partir de ahí van rebajando sus exigencias. En cambio los sindicatos dejan en casa sus máximos y acuden a la defensiva, a intentar no perder mucho, porque saben que toda reforma siempre es a peor y se han convencido de que su papel es limitar los daños. Ya pasó con las pensiones: hubo acuerdo, recortaba derechos, pero los sindicatos se defendieron diciendo que gracias a ellos no había sido peor.

Por eso toda reforma siempre está más cerca de los intereses empresariales, por muy alejada que esté de sus máximos. También esta reforma, al introducir más flexibilidad, por poca que sea; facilitar el descuelgue, por poco que se facilite; o dar peso a los convenios de empresa. Sin olvidar que aún puede empeorar en su paso por el Congreso.

Mientras unos piensan en salvar los muebles, los otros quieren derribar la casa. Y al final, como ahora, acaban salvando unos cuantos muebles y la vajilla, y parece hasta una victoria, mientras la piqueta va poco a poco convirtiendo en escombro el edificio. Con ellos dentro.