A qué tienen miedo los empresarios

“Si los empresarios tienen pánico a contratar, habrá que quitárselo, habrá que tranquilizarles, darles confianza.” -Esteban González Pons, secretario de Comunicación del PP-

.

Por más que busco en los manuales clínicos de fobias, no encuentro ese miedo del que lleva tiempo hablando la patronal: el miedo del empresario a contratar. “Pánico”, en expresión del presidente de la CEOE. “Horror”, según el gobernador del Banco de España.

El “pánico a contratar” no es como el temor a volar, a las arañas o a la oscuridad. En la definición patronal se parece más al de esos propietarios que no alquilan sus pisos por miedo a que los inquilinos se los destrocen, les dejen de pagar y no haya quien los eche. Así, los empresarios no contratarían porque les da sudor frío pensar que luego, si las cosas van mal, no podrán despedirlos, ni modificarles el sueldo o la jornada.

Sé que muchos empresarios las están pasando canutas. Pero por lo que conozco, en sus pesadillas no aparecen empleados atornillados a la silla e inflexibles como piedras, sino créditos denegados, pagos aplazados, acreedores haciendo cola, y consumidores con los bolsillos hacia fuera.

La contratofobia, como la mayor parte de fobias, tiene una base irracional, y se basa en falsas creencias: en primer lugar, el mito de que el mercado español es muy rígido, que despedir es caro y difícil.

Nadie lo diría, en un país donde se despide de cien en cien (incluso con beneficios), donde dos millones y medio se han ido a la calle desde el comienzo de la crisis, algunos sin cobrar salarios atrasados. Un país donde tras sucesivas reformas hay un amplio catálogo de modalidades de contrato, algunos baratísimos y de despido fácil, y subvencionados. Por no hablar de la “flexibilidad”, que existe de hecho antes que de derecho, como bien saben los muchos trabajadores que han visto modificadas sus condiciones por la vía del “son lentejas”.

La insistencia en el miedo a contratar busca reforzar otro mito, igualmente falso: la creencia de que las reformas laborales crean empleo. Mientras no se recupere el consumo, siga cerrado el grifo del crédito, y continúen las asfixiantes políticas de ajuste, ya pueden reformar lo que quieran, que el miedo no se irá ni con ansiolíticos.