Trabajar cansa

Elecciones anticipadas, por no oírlos más

"Es el momento de insistir en que la legislatura está acabada; ése es el mejor mensaje que podríamos trasladar a los mercados." -Cristobal Montoro, coordinador de Economía del PP-

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Si quieren ganarse una cena fácil, apuesten a que las elecciones serán en otoño. No hace ni falta que lo anuncie el presidente: el 27 de noviembre –fecha más probable según los enterados- estoy como un clavo en la puerta del colegio con el DNI en la boca.

Mi seguridad de que no aguantarán hasta marzo no se basa en la evolución de la prima de riesgo ni en la dificultad de aprobar los presupuestos, sino en algo aún más insoportable que la inestabilidad económica o la falta de apoyos parlamentarios: tener que escuchar, todos los días y a todas horas, el coro de voces que exige el adelanto electoral. Eso no hay quien lo aguante ocho meses.

Si usted todavía no ha opinado sobre el tema, no sé a qué está esperando. Porque en los últimos días pocos asuntos ocupan tanto espacio mediático: aparte de los entusiastas del adelanto que no desperdician ocasión para repetir su estribillo, estos días no hay entrevistado, conferenciante o protagonista de rueda de prensa al que se deje escapar sin pedirle antes su opinión sobre el asunto. A Alberto Contador aún no le han preguntado, pero ya verán como no llega a París sin que le pidan que valore el calendario electoral.

Aparte de la pesadez, hay otro motivo de más peso para dar por hecho el adelanto: a los dos grandes partidos les interesa. Al PP, porque una vez ha tocado techo en su expectativa de voto, sólo puede desgastarse con el tiempo. Al PSOE, porque el candidato Rubalcaba estaría atado de manos si la legislatura se alarga, pues cada propuesta será replicada con eso de "¿y por qué no le pide al Gobierno que lo haga ya?", y además tendría que retratarse si los suyos aprueban nuevas medidas antisociales.

Ambos partidos tienen la maquina electoral a pleno rendimiento, y viven las elecciones como un mano a mano, un duelo entre dos, pues el sistema electoral sigue estando de su lado. Muy diferente es la situación de la izquierda, a la que un adelanto electoral puede pillar en bragas, dividida en más listas que nunca, y sin que cuajen los intentos de acercamiento para sumar fuerzas.