Trabajar cansa

Tres trajes mal contados

"Por tres trajes, que si hubieran sido jamones nadie le habría criticado, se ha tenido que ir un presidente elegido por mayoría absoluta."

-Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP-

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Para cerrar el caso Camps como se merece, y a falta de que el tribunal dicte sentencia, sólo nos falta un pequeño detalle: ver los famosos trajes. Después de tanto como nos han insistido en que eran "tres trajes", una minucia textil por la que nadie se corrompería, sólo ha faltado que nos abriese su armario para poder verlos, colgados de sus perchas.

Desde el archifamoso traje pringoso de Monica Lewinsky no se había hablado tanto de una pieza de vestuario en la prensa. Estoy seguro de que si Camps los subastase sacaría un buen pico, que le permitiría pagar la multa –pues de otro modo no podrá, a la vista de su declaración de bienes-, y todavía le sobraría para comprarse unos cuantos pantalones y chaquetas y así no depender de los regalos.

A la fama de tales prendas han contribuido, sobre todo, el propio Camps y sus defensores. Han convertido en una frase hecha lo de los "tres trajes", en una hábil estrategia informativa que buscaba –y en parte ha conseguido- quitar importancia a la causa, repitiendo una y otra vez que nadie se vende por tres trajes, para subrayar su inocencia, o en último término la insignificancia del delito. Tres trajes de nada, equiparados a cualquier detallito de cortesía, una botella de vino, una caja de bombones.

Aparte de ser un razonamiento falso –pues hay quien se vende incluso por menos-, los "tres trajes", que todos hemos repetido y dado por buenos, buscan tapar una corrupción mucho mayor. De entrada no fueron tres sino doce, hechos a medida, más cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas. Pero claro, no tiene el mismo efecto psicológico decir: "nadie se vende por doce trajes a medida, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas." Y más si sabemos que el regalo sumaba más de 14.000 euros, lo que gana un mileurista en un año.

Los "tres trajes" son la puntita de un fondo de armario muy superior: una trama de corrupción a gran escala y financiación ilegal del PP valenciano. Y para tapar eso no hay tela suficiente en tres trajes, ni en doce.