La otra munición expansiva usada en Noruega

“Había leído mucho pero en realidad no lo había digerido. Otros tienen los mismos puntos de vista y no se convierten en asesinos en masa.” -Hans Rustad, director de la web ultraderechista document.no-

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Hay que ver el tipo de cosas que iba por ahí diciendo el asesino de Oslo. Que Zapatero llegó al poder gracias a Al Qaeda, que está rindiendo el país a musulmanes e inmigrantes; que el multiculturalismo es un peligro para Europa y destruye la herencia cristiana… De dónde habrá sacado esas ideas. Imagino que de panfletos clandestinos y webs anónimas, porque ese tipo de cosas no se lee en libros ni columnas de prensa, ni se oye en tertulias televisivas, ¿verdad? Ni en Noruega, ni mucho menos en España, ¿eh? Un misterio saber por dónde circulan tales disparates.

Vale, vale: el tipo es un desequilibrado, y usó esos argumentos como habría usado otros que le permitieran motivar su crimen. Pero lo cierto es que son ésos con los que ha armado su resentimiento, y por lo que parece con bastante convicción –y dedicación, como para escribir 1.500 páginas-. Todo ese discurso agresivo que desde hace años dispara a discreción contra la izquierda, inmigrantes, Islam, multiculturalismo, laicismo, homosexualidad, etc; y que no sólo proviene de grupúsculos y webs nazis.

Munición verbal, de acuerdo. Pero munición al fin, y que funciona como esas balas expansivas que Breivik empleó, y que se fragmentan tras impactar: también aquéllas ideas, repetidas irresponsablemente en televisiones y periódicos, explotan y diseminan su carga dentro de los cerebros. No digo que haya una relación inmediata de causa-efecto; pero no caigamos en la trampa de quienes quieren desideologizar  al asesino y presentarlo como un loco o un representante del Mal con mayúscula.

Los mismos que el viernes no esperaron un minuto para señalar al islamismo. Alguno el sábado todavía hacía la pirueta de incluir “islamista” en el titular, aunque fuese para decir que no era responsable, pero ahí quedó: islamista y terrorismo en la misma frase una vez más.

Ahora que el Gobierno, según decía ayer este periódico, pone en marcha una “Estrategia contra el terrorismo internacional y la radicalización”, estaría bien que también mirase a esos otros talibanes.