Trabajar cansa

Alguien tendrá que comprar escobas

 

En vez del millón de nuevos empresarios que promete el PP para acabar con el paro, más le valdría crear un millón de consumidores. Porque el problema hoy no es que haya pocos empresarios y haga falta un millón más, sino que los que hay no venden una escoba, así que se asfixian en sus deudas, y de paso no pagan a sus acreedores, que tampoco venden una escoba ni pagan lo suyo, en un círculo infernal que se va estrechando.

No se vende una escoba porque nadie la compra, porque estamos todos en economía de crisis: unos no consumen por no tener, y otros, teniendo, tampoco gastan por lo que pueda pasar en el futuro negrísimo que todos pintan. Así que la cosa no mejora, no hay actividad, y la insistencia en el ajuste impide levantar el vuelo. Y como hasta que inventemos otra cosa nuestra economía se basa en la demanda de bienes y servicios, las empresas siguen cerrando o recortando plantilla, y los trabajadores que no se van al paro tampoco suelen quedar con ganas de comprar escobas. (Los últimos, como ya saben, los trabajadores de este diario, a los que mando todo mi apoyo en momentos complicados).

Que las cosas funcionan así, y que con la obsesión por la austeridad y los recortes nos vamos al carajo, lo saben hasta los niños: cuando mis hijas juegan con sus amigos a que son dependientas, camareras o peluqueras, eso que tanto gusta a los niños, se reparten los papeles por turnos: unas veces les toca hacer de trabajadores y otras de clientes, porque si no, si todas quieren ser peluquera y nadie pide un corte de pelo, no hay juego posible, se quedan todas en paro.

Lo saben los niños, y cada vez más economistas y gobernantes, incluso en las filas ortodoxas. La cruzada por la austeridad está ahogando la economía mundial, y muchos ya se dan cuenta de que hace falta también poner algo de dinero para salir del hoyo. Un informe de la ONU esta semana auguraba una década de recesión mundial por unos planes de ajuste que "empujan hacia el desastre."

Lo sabe Obama, que ha presentado un plan que, aunque modesto, va en ese camino. Lo saben quienes empiezan a pedir que la austeridad vaya acompañada de estímulos (así lo llaman, para no decir gasto público), porque sin crecimiento no cuadran las cuentas ni se pagan las deudas, y no se acaba con el problema más grave hoy, que no es el déficit ni la prima de riesgo, sino el paro.