¿Recortes? ¡Defendamos la lengua!

 

En demasiadas ocasiones da la sensación de que el nacionalismo español y el catalán forman una sociedad de auxilios mutuos, por el que de vez en cuando se echan una manita cuando más falta hace. No digo que sea algo intencionado, más bien suele ser por torpeza o por cerrazón, pero son muchas las veces en que el españolismo toma brío a partir de alguna catalanada, de la misma forma que el catalanismo se crece gracias a la españolada de turno.

Ahí está, por ejemplo, la actual polémica sobre la inmersión lingüística: con ese sentido de la oportunidad tan característico de la justicia española (¿o debo decir españolista?), el Tribunal Superior interpreta al Constitucional y sacude un tema siempre tan sensible como el de la lengua, hasta lograr que todas las agendas se trastoquen y los focos cambien de dirección.

De modo que todo el espacio mediático y social que hasta hace diez días ocupaba el rechazo ciudadano a los recortes en sanidad o educación, es desplazado y ocupado hoy por la enésima guerra de lenguas, que a CiU le viene de perlas para que se deje de hablar de los recortes, coger aire de cara a las cercanas elecciones y darse una manita de soberanismo cuando más descolorida estaba. Da gloria oír la retórica hinchada de Mas y sus heroicos consejeros, jurando defender el catalán con su vida si hace falta, y colocándose al frente de una manifestación que hace diez días iba dirigida contra ellos por su política de recortes, y que ahora ha cambiado por unos días las pancartas.

Tampoco el nacionalismo español le hace ascos a la polémica. La prensa de derecha, ya se sabe, tiene debilidad por el tema, y disfruta escribiendo portadas belicosas que calientan al personal, mientras el PP refuerza su perfil más españolista de cara al 20-N, que ya se sabe que del Ebro abajo le da votos, y últimamente parece que también del Ebro arriba.

Yo sufro un déjà vu terrible con la sobreactuación de unos y otros. Coincido en que el modelo de inmersión catalán funciona bien, y no hay motivo para enredar con ello a estas alturas. Pero qué pereza me da volver a oír hablar de ruptura, choque de trenes y dignidad, cuando estoy convencido de que, como otras veces, la polémica quedará en nada, y ni al final habrá que modificar el sistema educativo, ni tampoco se romperá esta España siempre amenazada de grietas. Lo dicho: qué pereza.